«Hai moita xente nova que se interesa pola cultura e que presume do que ten»

El dinamizador turístico y cultural de Cabana es un veterano guía del dolmen de Dombate y del recinto de A Cidá


carballo/la voz. 15/01/2011 02:00 h

El rincón de Ángel (Lito para los amigos de Borneiro, Anxo para los de la Universidade de Santiago) Eiroa lo es, más que de un momento, de toda una vida. Compartido con el dolmen de Dombate, naturalmente. Ambos están separados en el tiempo por más de dos milenios, pero entre ellos y la casa natal de Ángel hay poco más de un kilómetro.

Ángel Eiroa es de O Briño, en Borneiro, parroquia de Cabana, famosa en toda Galicia por ambos monumentos, más por el megalito. Hasta la anta iba ya en párvulos, de excursión desde la unitaria, cogido de la mano con los compañeros, guiados por la maestra doña Blanquita. Aquello era una fiesta, hace ya casi treinta años. En el castro trabajó incluso su abuelo, restaurando muros. De los dos lugares aprendió mucho en idas y vueltas, pero también durante la carrera, pues escogió Historia. Tal vez fueron esos dos lugares los que marcaron su trayectoria académica, y no es exageración. Empapado desde chico, curioso ante los misterios del pasado, por ahí enfocó la carrera, y eso que las salidas no eran muy prometedoras. «Xa nos avisaban en primeiro do que nos esperaba, de que as oportunidades de traballo son escasas e que as que hai pouco teñen que ver co que estudaches. Teño compañeiros que están en empresas, en turismo, que son autónomos, funcionarios, un no CSIC, outro con becas... Hai de todo. Así que eu son afortunado, porque traballo ao lado da casa e no que me gusta».

Desde hace algo más de diez años, es guía del dolmen y del castro para el Concello de Cabana, aunque sus tareas, como dinamizador turístico y cultural, van más allá. Asimismo, los fines de semana trabaja para la entidad que atiende a los visitantes al dolmen. Un icono en la cultura gallega, y casi una seña de identidad para los locales: «Hai pouca xente de Borneiro que non teña na casa unha imaxe con algún familiar subido nel. Ou que non coñeza as historias que se contaban, que se había enterrado un rei, un mouro. Para nós sempre foi un monumento, un lugar ao que levar aos visitantes, aos parentes que viñan de América, había que ter ese recordo».

No pasó lo mismo con el castro, el único excavado de la Costa da Morte desde hace veinte años, al margen de los trabajos de los años treinta. «Foi a partir dese momento cando se empezou a visitar máis, porque antes era monte. Non lle pasaba como a Dombate, ao que xa acudían estranxeiros nos anos sesenta ou setenta, cando non había nin pista. E nunca deixaron de vir. Sobre todo dende que se puxeron en marcha as visitas guiadas». En el 2004 se contabilizaron 15.000 personas, el récord. El año pasado, con obras y todo, y por tanto todo muy limitado, unas 8.000 pidieron información.

Esta atracción se complementa con la magia de A Cidá, que así llaman a la fortificación castreña. Es un espacio silencioso, imponente, con encanto, «no que calquera ruído distorsiona o ambiente». A Ángel le atrapa esa sensación, que combina con la de considerarlo «unha ferramenta de traballo». Hoy, las visitas tienen que ser concertadas, con más de quince personas, o para escolares, con juegos de animación.

Lito se encarga de todo, incluso de atender en inglés o francés, a un público muy diverso que va desde parejas jóvenes a mayores, o a bañistas que dejan la playa y acuden a remojarse en algo de historia.

Pese a todos los estereotipos que a veces se arrojan sobre el desinterés de las nuevas generaciones por el patrimonio, Ángel no parece muy preocupado: «Hai moita xente nova que se interesa pola cultura do seu entorno e que presume do que ten. Aquí a Borneiro veñen moitos chavales, tanto ao dolmen como ao castro, de 18 anos para arriba. Chegan co coche, veñen sós, en pandilla, en grupos de amigos. Outros que están estudando traen aos seus compañeiros e ensínanlle o que hai, todos orgullosos. E tamén chegan persoas maiores. A comarca non é só costa, litoral, é moito máis».

Eiroa corrobora este interés en el hecho de aprovechar las nuevas tecnologías, como por ejemplo las plataformas sociales, para divulgar la riqueza de cada lugar, y cita el ejemplo de un grupo que recoge material muy interesante sobre Corcoesto en su página de Facebook, lo que genera atención de vecinos o comunidades de emigrantes. En esta promoción del territorio, y de Cabana en particular, el Concello lleva años realizando una meritoria labor, inusual en otros de la zona. «Queremos que a xente de Cabana estea orgullosa do seu», afirma.

Lo mismo que él lo está del dolmen o del castro, al que acude más que a guiar visitantes: también recoge las setas que aparecen entre carballos y castiñeiros , y fue además el lugar elegido para las fotos de su boda (está casado en Serantes y tiene dos hijos).

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