Está a punto de comenzar el Congreso Diocesano de Laicos en nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Es una iniciativa que se inserta dentro del Plan Pastoral Diocesano que ha escogido como centro de la Programación para el curso 2011-2012 la Vocación (al laicado y a la familia cristiana, al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada, a la vida misionera). Por otra parte se ofrece como una realidad donde los jóvenes en general, y especialmente los que han participado en la JMJ-Madrid 2011, puedan tener un importante protagonismo.
Queremos realizarlo en un clima de auténtica ?sinodalidad?, es decir recorriendo juntos el camino, prestándonos atención unos a otros, ayudándonos todos a permanecer a la escucha del Espíritu Santo que inspira, anima, alienta y hace que nos sintamos hermanos en la familia eclesial. Todos podemos recuperar la frescura de nuestra vocación y la gracia de ser enviados en misión. Los que no son cristianos podrán percibir que ser cristiano es ser feliz, alegre, comprensivo, consecuente, samaritano para los empobrecidos, los enfermos y los que padecen soledad. Que la fe se transmita con enfoque positivo. Como un mensaje abierto que propone nuevos caminos para acercarse a Dios y a los hombres. La vida de la Iglesia no se desarrolla con prohibiciones, sino que es una apuesta por el amor, la unidad y la libertad.
El Congreso Diocesano de Laicos se basa en cuatro pilares:
El primero es la espiritualidad. Todo se sostiene y se alimenta con la oración y el encuentro personal con Jesucristo. Bastantes cristianos viven de una fe heredada, pero no personalizada. Ahora tienen una ocasión preciosa para plantearse en serio lo que significa creer y seguir a Jesucristo. La Iglesia necesita grandes testimonios de santidad, pues de la santidad es de donde nace toda auténtica renovación de la Iglesia y una renovada presencia evangelizadora dentro de la sociedad.
El segundo es la formación. En los tiempos que corren hay que profundizar en el mensaje del Evangelio, así como de los documentos emanados del Concilio Vaticano II y de la Doctrina Social de la Iglesia. Sobre todo en todo lo que se refiere a los seglares. Se necesita, con determinación y urgencia, superar el éxodo, la diáspora y el anonimato de los cristianos en la vida pública, su asimilación mundana, su tendencia al repliegue eclesiástico, mediante una adecuada formación en la fe, un profundo sentido de comunión, un ímpetu misionero, un conocimiento profundo de la Doctrina social de la Iglesia.
El tercero es la acción apostólica y social, que nace del compromiso personal, del impulso espiritual, de la caridad y del conocimiento doctrinal. Potenciar la presencia pública de los católicos, verdaderos testigos de Jesucristo en los ámbitos de la familia, la profesión, la cultura, la vida social y política. El Congreso Diocesano de Laicos no es algo solamente formativo o doctrinal, sino que quiere impulsar nuevos caminos de acción y de presencia evangelizadora en la sociedad actual.
El cuarto es el asociacionismo laical, «porque donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). La unión hace la fuerza y la unión y la fuerza en el Espíritu de Cristo es incontenible. Por eso tenemos el derecho y el deber de aportar a los demás laicos de nuestra diócesis todo lo que cada uno ya posea y pueda obtener en espiritualidad, conocimientos y apostolado con este Congreso. El conocimiento y acercamiento a los diversos carismas que enriquecen a los movimientos y asociaciones eclesiales, aportará sin duda una potenciación del asociacionismo laical entre nosotro
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