Ayer, 29 de junio, fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, hemos celebrado el Día del Papa que este año casi coincide con el 60 aniversario de la ordenación sacerdotal de Joseph Ratzinger. En nombre propio y en nombre de los sacerdotes, consagrados y seglares de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, envié al Papa Benedicto XVI, a través de la Nunciatura Apostólica en España, nuestra cariñosa felicitación y el testimonio de nuestra adhesión filial a su persona y a su magisterio.
La Congregación para el Clero nos invitó a las Diócesis con esta ocasión, a hacer un regalo al Papa. Se trataba de algo espiritual, no material: ofrecer «sesenta horas de adoración eucarística» durante el mes de junio, continuas o no, orando por dos intenciones que el Papa lleva muy dentro de su corazón: la santificación del clero y la necesidad de nuevas y santas vocaciones. Muchas parroquias y comunidades religiosas se coordinaron por Unidades Pastorales y Arciprestazgos para llevar acabo esta iniciativa.
Se nos pedía, por parte de la Congregación, la particular participación de los sacerdotes a favor de esta propuesta. Efectivamente fue acogida con cariño por numerosos diocesanos como signo de íntima comunión con el Sucesor de Pedro, incluso participando en una Vigilia Eucarística en la víspera de la Solemnidad del Corpus Christi. También se celebró una solemne Eucaristía en la Concatedral de Ferrol con motivo de la fiesta de san Pedro y san Pablo. Como ya he escrito en otra ocasión, el Papa Benedicto, dotado de una rica personalidad humana, es ante todo un creyente sin fisuras. Con la firmeza de su fe, siempre dialogante, protege al rebaño que le ha sido confiado. Defender la fe de los sencillos contra las pretensiones de los que se creen sabios, es uno de sus más importantes cometidos. Lleno de finura y cariño en el trato personal, se está mostrando cada día más humano, sencillo y afectuoso, amable y con su pizca de buen humor. Por el camino del corazón cautiva a católicos y no católicos. Sus palabras son hermosas y atinadas, respetuosas y, al mismo tiempo, autorizadas. Sus discursos meditados, sobrios y tan cuidados en la forma como llenos de sugerencias alentadoras en el contenido, rezuman sabiduría, pero no abruman. En sus homilías desgrana las verdades cristianas con sencillez, con calidad humana y delicadeza. Con su finura de oído distingue perfectamente los ruidos de la verdadera música. Utilizando la senda del corazón, no sólo nos anima a pensar, sino que nos anima a la acción.
En una palabra, pretende iluminar la mente para mover el corazón. En medio de la humildad que le caracteriza, aparece como un profundo teólogo siempre dispuesto a ir al fondo de las cuestiones y como un gran pedagogo de la fe. Intelectualmente goza de una bien merecida autoridad. Sus palabras merecen ser leídas y releídas con apertura de espíritu. En definitiva, sin abandonar la sombra benéfica de Juan Pablo II, Benedicto XVI brilla con luz propia y radiante. Como su antecesor, ha iniciado su andadura sin miedo, con paciencia, prudencia, resolución y delicadeza.
Con mi afecto y en comunión con el sucesor de Pedro, os saludo afectuosamente en el Señor.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios