Cuando solo faltaba que el forense dictaminase hora y causa de la muerte, el Boiro resucitó para mantenerse un año más en Segunda División B. Lo hizo, después de zozobrar durante meses, con una victoria que quedará grabada en la mente y en las retinas de los cientos de personas que se dieron cita en Barraña. Los barbanzanos fueron un bloque imperial, un ejército que aplastó a un Burgos desdibujado, incapaz de contener un huracán vestido de blanco. Con el coronel Rubén Rivera a la corneta, el 5-1 fue el mejor regalo de la plantilla para una afición que se entregó en cuerpo y alma a un escudo.

La grada vibraba, incapaz de contener los nervios ante un duelo que escribiría la historia reciente del club. La tensión se trasladó al césped, arrancando el duelo con más coraje que fútbol. El Burgos quiso morder los tobillos de los barbanzanos, pero el Boiro, con viento de cola desde la victoria ante el Celta B, monopolizó el balón. Sin demasiadas ocasiones, era Rivera el que se erigió como el hombre de partido. Con el brazalete de capitán tatuado a fuego, el herculino se desfondó. Dio profundidad por los costados, atacó la espalda de la defensa y creó peligro en cada balón que pasó por sus pies.

El premio

Después de un disparo a bocajarro de Romay que repelió el meta rival, tenía que ser Rivera quien desequilibrase el marcador. Lo hizo en el último minuto de la primera mitad. Borja Yebra puso una falta al corazón del área, Rivera cazó el primer rechace y, con un golpeo de exterior, envió el balón a la escuadra.

El tanto, que fue un martillazo en el corazón del Burgos, enloqueció a la grada de Barraña, que comenzó a acariciar una salvación que parecía imposible hace un mes. Con el 1-0 se cerró una primera parte que fue el prólogo perfecto de la exhibición que llegó en la segunda mitad.

Con cinco minutos de retraso se reanudó el partido, que arrancó loco, a tumba abierta, con ambas escuadras viéndose incapaces de dominar el centro del campo. En plena ruleta rusa fue el Boiro quien remató el duelo. Romay encaró la portería rival por el carril del diez y, centímetros antes de pisar área, abrió el balón a Marcos Álvarez. El extremo, que había pasado de puntillas gran parte de la temporada, se jugó el físico para poner un buen balón atrás. El zaguero visitante Jorge García, en su ímpetu por despejar el balón, se lo coló en propia, allanando el camino para la salvación local.

El gol fue una bocanada de oxígeno para los locales, aunque la felicidad duró poco. El Burgos, en una de las pocas ocasiones que tuvo, aprovechó un centro al corazón del área para que Chevi marcase de cabeza el 2-1.

El arreón final

El tanto rival no amilanó al Boiro, sabedor de que la victoria se escribía con tinta barbanzana. Fue así como llegó el 3-1 de Rubén Rivera. El herculino aprovechó un centro de Yebra al segundo palo que se comió el meta para enviar el balón a la red con un remate indescifrable.

Con el tercero, el Burgos comenzó a respirar por la herida, bloqueado tanto para atacar como para defender. Cano echó sal en el tajo con una galopada tras un zapatazo de Axel que se comió toda la defensa y que remató a placer el coruñés. Mientras la grada festejaba una salvación agónica, Pedro Beda completó la goleada con un zapatazo a la escuadra. El Boiro es de Segunda B.

La ficha. 

Boiro: Pato, Axel, Jimmy, Crespo, Catú, Borja Yebra, Marcos Álvarez, Gonzalo, Rivera (Borja, minuto 83), Romay (Pillado, minuto 87) y Cano (Pedro Beda, minuto 75)

Burgos: Toni, Andrés, Jorge, Odei (Ramiro, minuto 74), Jorge García, Cusi, Armiche (Aurreko, minuto 80), Prosi, Adrián Hernández, Chevi y Álvaro Antón (Diego Suárez, min 59)

Goles: 1-0, minuto 44: Rivera; 2-0, minuto 55: Jorge García en propia puerta; 2-1, minuto 63: Chevi; 3-1, minuto 73: Rivera; 4-1, minuto 75: Cano; 5-1, minuto 89: Beda

Trío arbitral: Alexander González, Yeray Hernández y Ángel Rodríguez (Comité tinerfeño). Correctos.

Incidencias: Campo de Barraña, más de 1.200 personas en las gradas. La mejor entrada de la temporada.

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