El carrusel de las contradicciones

Antón Parada CRÓNICA

BARBANZA

02 jun 2016 . Actualizado a las 12:58 h.

(Léanse las siguientes palabras insertando una estridente melodía pachanguera de feria). Con los años he generado la necesidad de acompañar mis pensamientos con una suerte de acotaciones teatrales que en principio no me atrevía a confesar. Pero con el ritmo frenético al que se suceden los actos de esta tragicomedia llamada vida me veo en la obligación de recuperar aquel consejo oculto en el estribillo de la reina del rock: «El espectáculo debe continuar». Y con él su desfile de incoherencias, que como en cualquiera de sus homólogos la presencia de los políticos es obligada.

La conquista por el centro está confundiéndonos a todos, incluso a ellos mismos. Es curioso que con los problemas de los que adolece este Estado se ponga el foco en la política internacional. Por ejemplo, Venezuela. Se reclama obstinadamente la liberación de presos como Leopoldo López y la condena de durísimas intervenciones policiales contra manifestantes, pero a ningún miembro del consejo de ministros se le ha ocurrido vetar la venta de ese mismo armamento a las empresas españolas que lo suministran. Pero bueno, tras ver la absolución a los mossos d'esquadra que participaron en el operativo que cegó a Esther Quintana con una bala de goma, entiendo que la represión no le cuesta a todo el mundo un ojo de la cara. Mucho menos se trasladan estas sugerencias democráticas a aliados estratégicos como Arabia Saudí, donde la decapitación está al orden del día.

Los discursos de precampaña comienzan a parecerse a la moqueta de papeles rotos que conforman el segundo suelo de una tómbola. Y ni Galicia, ni Barbanza se escapan. Crecí escuchando a miembros del PSOE y del BNG criticar el reparto de partidas económicas de la Diputación, siendo escuetas en los concellos no gobernados por los populares. Ahora que tienen la oportunidad (y la de A Coruña) pagan con la misma moneda. Cuestiones que no logro entender, como que el PP se erija adalid de la austeridad, mientras su marca en Rianxo votó en contra de destinar el Plan de Aforro e Investimento (PAI) a la amortización de una deuda que ronda los dos millones de euros.

Supongo que existen circunstancias que permiten excepciones para difuminar la ideología. De lo contrario, ¿qué hace el presidente de la Xunta visitando a un dirigente comunista en La Habana, sin que se trate de Manuel y Fidel? La apertura económica y todo eso, dirán en su defensa las Nuevas Generaciones, pero antes quisiera escucharlo de la boca de Ángel Carromero. Menos mal que a nuestro gremio solo lo dirige la lucidez de Francisco Umbral, porque «el periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y al Gobierno inquieto».