«Yo no puedo abandonar un animal que esté maltratado, enfermo o que vayan a sacrificarlo». La frase que pronuncia Marisol Villanueva, presidenta de la protectora Moura, deja bastante claro qué fue lo que la llevó, tanto a ella como a otros barbanzanos, a ponerse, hace más de un año, manos a la obra para fundar una entidad que ayuda a las mascotas en situación delicada. Pese a que únicamente se sustentan con las cuotas de un centenar de socios -que pagan 15 euros anuales- y los donativos de un buen número de colaboradores, el trabajo que realizan es evidente. Un ejemplo: ya cuentan con una red de doce casas de acogida temporal para animales, repartidas tanto por la comarca como por distintos puntos de la provincia.
Al no contar con un refugio, la protectora se vio obligada a ir buscando hogares en los que pudiesen dar cabida, de forma provisional, a los animales. Mientras están en las casas, la protectora se encarga de dar a conocer la situación para intentar que alguien los adopte. En muchos casos, la operación culmina con éxito y, en otros, toca tener paciencia y mantener los ejemplares en esa situación transitoria. Según explica Marisol Villanueva, el número de canes y perros que se abandonan es inmenso y eso hace que las casas de acogida estén a tope a cada paso. Aunque siempre se hace un hueco para un nuevo inquilino, porque el lema es no dejar ningún animal en la estacada. De hecho, tras enterarse de que se iban a sacrificar, los miembros de Moura hasta recogieron algunos animales de la perrera municipal ribeirense.
Hasta 52 ejemplares
De esta forma, en las casas de acogida suele haber alrededor de unos 30 animales, en su mayoría perros. Sin embargo, hubo momentos en los que la cifra subió hasta los 52, ya que las necesidades eran muchas.
Moura reconoce que muchos de los animales que recoge están en unas condiciones lamentables. Gracias a que cuenta con la colaboración de varios veterinarios, puede darles tratamiento o en algunos casos incluso operarlos. Marisol Villanueva habla de una realidad desgarradora. Cuenta casos como el de Scott, al que encontraron en Bertamiráns casi en los huesos. «Casi no podía moverse, y nadie le hacía caso, si no lo encontramos hubiese tardado dos o tres días en morirse. Por suerte, lo trajimos y en dos meses pasó de pesar seis kilos a nueve y ahora está de maravilla y precioso». Las cifras dan muestras del esfuerzo realizado. En el 2001, Moura encontró hogar para 71 animales, un total de 57 perros y 16 gatos.
«Encontramos perros y gatos en unas condiciones muy lamentables, es horrible verlos»
Marisol Villanueva