Imagen:Otero, a las puertas del estudio que tiene en Muros

«Participei en montaxes, roubados consentidos e historias do máis inverosímil»

El que fue uno de los primeros paparazis de España, trabaja ahora como fotógrafo en su tierra, la villa muradana


muros/corresponsal.

Pasar toda una noche en la copa de un árbol, simular ser pescador de arrastre, ejercer de palmero en una fiesta andaluza o vigilar la salida de famosos desde una alcantarilla no es una novedad para el fotógrafo José Manuel Otero. El objetivo de su cámara dio cuenta de hechos históricos de relieve de la transición española, pero también tuvo tiempo y espacio en su agenda para atender la vida de los personajes de la salsa rosa de los últimos treinta años.

Desde mediados de los años setenta no hubo sarao festivo o noticiable en el que este fotógrafo muradano no estuviera presente. Su archivo conserva aún recuerdos gráficos de hechos de tal relieve como el atentado de Carrero Blanco, la muerte de Franco o la proclamación del actual Rey de España. Junto a ello, figuran bodas tan sonadas como la de Julio Iglesias e Isabel Presley, la de Victoria Abril y Gustavo Lauve, el enlace de Lolita Flores y Guillermo Furiase o los dos matrimonios de Carmiña Ordóñez y, como no, los dos de Paquirri.

Pero para Otero su paso por al villa muradana, a la que llegó con solo 9 años procedente de Outes, le ha marcado de tal forma, que cuando las cosas se torcieron en Marbella para su protector Julián Muñoz, él no dudó en regresar a su puerto de salida y reiniciar de nuevo su actividad profesional: «Fun o primeiro na comarca en sacar aos noivos dos estudos de fotografía. Agora, de volta á terra, quero introducir novidades na arte fotográfica dos enlaces matrimoniais».

Es imposible condensar en un artículo la actividad laboral de José Manuel Otero, quien lleva ya cincuenta años dedicado a la fotografía. Después de realizar en Muros un cursillo fotográfico por correspondencia, comenzó con notable éxito a retratar por encargo. Sus colaboraciones gráficas en periódicos gallegos le catapultaron a la fama: «Un traballo menor, como foi unha reportaxe que fixen da visita do xeneral De Gaulle a Cambados, posibilitou que Emilio Romero me contratase para o xornal El Pueblo ».

El mundo rosa

En Madrid, Otero se prodigó en la fotografía de actualidad, pero su carácter aventurero, sus devaneos con la jet capitalina y lo poco dado que era al apoltronamiento le llevaron a nuevas experiencias. Así, crea una agencia multinacional de fotografía, gestando personalmente la aparición en España de los paparazis: «Aquela era outra vida. Fluía o traballo por todas partes. Todo o mundo se quería promocionar. Participei en montaxes, roubados consentidos e historias do máis inverosímil, coa pretensión sempre de axudar a medrar a xentes coas que me relacionaba».

Fotógrafos, periodistas y gentes del mundo del espectáculo eran asiduos en su vida. Todo el mundo valoraba su quehacer, y por ello, muchos famosos ejercían de mecenas suyos, a cambio de que Otero fijase hora para fotografiar los posados que en cada instante necesitaban. Este trabajo nunca fue bien retribuido. Él siempre valoró más la amistad y el ayudar a quienes pedían su mediación, que el tarifar su quehacer. Por ello, esta desenfrenada actividad le supuso menos ingresos de los previsibles, y a veces contratiempos, como cuando fotografió al futbolista Rexach en una discoteca.

En Marbella fue uno de los animadores de la constante movida de los famosos. Es conocido en todos los locales festivos, recuerda anécdotas divertidas, como cuando ejerció de palmero con un grupo flamenco que actuó para Jacqueline Kennedy y Onassis, o en las frecuentes bacanales organizadas por los jeques árabes. A su lado solían estar personas que dirigían su actividad, como Maika Vergara, o trabajaban para él, como Miguel Temprano o Lidia Lozano.

Una vida actual diferente

Pero entre todo el trabajo realizado, mayoritariamente para la prensa rosa, destacan las ceremonias nupciales: «Nas vodas todo é máis real, non fai falla rebuscar pousados, xa que as parellas transmiten o amor que nese momento senten, e do que a cámara non fai máis que eternizar. É por iso que, entre todo o traballo feito, o que lembro con maior ledicia e que penso que é tamén o de máis calidade técnica e artística, son as vodas, non só as dos famosos, senón tamén as da maioría das parellas que tiven a sorte de fotografar. Quizais por iso, e de novo no meu pobo, quero dedicarme a retratar aos noivos».

Volcado como está en su nueva faceta profesional, no es de extrañar que, en estos momentos, el taller de fotografía que tiene en la plaza de la Pescadería de Muros sea su rincón preferido: «Nunca fun tan feliz coma en Muros. Aquí síntome moi a gusto, e no meu estudo ocúpome, ademais de ao traballo profesional, á recuperación dun arquivo fotográfico do pasado sobre a vila e as súas xentes, ao longo de todo o século XX».

Por el momento, Otero no piensa en la jubilación: «O labor que estou a facer gústame, e seguirei nel mentres poida. Quero tamén contribuír a unha formación eficaz das miñas fillas, que son o máis importante para min».

Al recordarle algunas acciones de su juventud, ya que él desde muy niño fue muy conocido y admirado en toda la comarca, quita importancia a tales acontecimientos: «De nada renego, foi a miña vida, pero en moitos casos esaxeráronse as cousas. Do que si presumo é de que nunca tentei danar aos demais, e coido que axudei á xente cando mo pediron. Agora aspiro a vivir con máis serenidade, e traballar para axudar aos meus».

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