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«Socialmente, la arquitectura no se ve ahora como algo necesario»

«Nuestra carrera fue muy privilegiada muchos años», afirma el arquitecto Manuel Gallego Jorreto

A Coruña / La Voz, 17 de marzo de 2015. Actualizado a las 05:00 h. 12

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Los arquitectos gallegos han reconocido su trayectoria profesional en sus premios anuales. Aprovechó la recogida de la distinción, este fin de semana, para mostrar su preocupación por el futuro de la arquitectura. Manuel Gallego Jorreto (O Carballiño, 1936) bromea que la distinción -«suena a prepóstumo, las trayectorias no se sabe cuándo acaban»-, pero se pone serio para expresar su agradecimiento a sus colegas arquitectos: «Lo primero de un reconocimiento depende de la generosidad de quien lo da, es un regalo. Yo lo agradezco mucho, tiene un saborcillo de la nostalgia que dan los años, dicho más o menos en broma, pero la realidad es esta».

-¿Se desmorona la profesión?

-La situación es muy mala. En estos festejos que hacemos los arquitectos -bueno, lo hacen todos los gremios-, para hablar de arquitectura, para vernos, me parecía obligado decir esto... De mi estudio se han ido casi todos al extranjero y hay un paro extraordinario. Han sido alumnos en la escuela y te das cuenta de lo dramático de la situación. Está mal la práctica de la arquitectura, está mal la construcción y está mal la arquitectura. Les decía que convenía deslindar esos tres campos y corregirlos.

-Siempre se vinculó la construcción con la arquitectura...

-Sí, pero ahora ya no es solo el problema del disparate que fue una burbuja inmobiliaria enorme, que no tenía sentido. Ahora la arquitectura, socialmente, no se ve que haga falta; la gente piensa que es una cosa para hacerla más bonita, más divertida, más caprichosa o más o menos de acuerdo al gusto del arquitecto, pero ¡no se le ve que tenga sustancia para que haga la vida mejor la gente!, que es lo que se pretende. Esto es muy descorazonador. La sociedad considera que la arquitectura sobra, que hay que buscar otros caminos que son más lógicos, se le ve más un papel de capricho, de lujo, de decoración particular, que depende de gustos, de capricho estético más que de realidad social.

-Supongo que, como diría Ortega, no es eso, no es eso...

-La arquitectura debe hacer que se viva mejor; el urbanismo hace que el espacio sea más agradable, que se pueda convivir, que se estudie cómo evitar las fricciones que hay siempre en la sociedad. Esto se ha olvidado porque no se le da importancia al humanismo.

-¿Y ve alguna solución?

-Con invención, con imaginación, con espíritu crítico y con creatividad se sale adelante. Ahora mismo si alguien está en Brasil, Paris o Roma está haciendo de esclavo, porque hay una demanda de trabajo enorme, pero les aprietan los tornillos. Los estudiantes de A Coruña eran muy apreciados porque eran polivalentes, pero ahora a las puertas de los estudios de arquitectura hay 20 personas esperando.

-¿De todas estas cosas les habló a sus colegas?

-Sí, pero fue una cosa sin estridencias. Nuestra carrera fue muy privilegiada durante muchos años y, haciendo un poco de autocrítica, hubo mucho arquitecto que fomentó un poco lo que está ocurriendo ahora, que se valore poco a los arquitectos.

-¿Usted sigue trabajando?

-Me jubilé hace siete años ya. En la universidad terminé como catedrático y seguí dado clase en Pamplona, donde estuve dos o tres años; también estuve un año en Múnich y sigo dando algún máster porque me gusta y porque es la manera de mantenerme en forma.

«Son cosas insignificantes las que lo escacharran todo en Galicia, pero son miles»

Manuel Gallego Jorreto dice que la profesión se paralizó: «Es como si desenchufaras la lavadora. No hay energía». Y para reiniciarla «tiene que empezar por valorar estas cosas la sociedad, que vea que estos temas son importantes para un pueblo, para una ciudad, para conservar la naturaleza y no solo un decorado».

-¿Volvemos a citar Allariz?

-Allariz, una motita en toda Galicia, pero debería ser toda Galicia igual de una forma normal.

-¿Los gallegos somos un poco salvajes con tanto feísmo?

-En Galicia suelen ser cosas insignificantes las que escacharran los temas, ¡miles de cosas insignificantes! Pero son cosas fácilmente corregibles. Y se unen a la individualidad insolidaria que destruye todo. Eso lo podíamos corregir, en una pequeña medida, con nuestra profesión, que le debería preocupar la sensibilidad humana, el trato con el vecino, el trato con el territorio.

-¿Parece que no le gusta la arquitectura espectáculo?

-Recuerdo que Siza decía que para él toda arquitectura es espectacular en alguna medida porque le llena en el alma, la siente profundamente. Pero cuando hablamos de espectáculo no hablamos de esto, hablamos de hacer lo más extraño posible y, sobre todo, lo más despilfarrador posible porque le sobra forma, le sobra tecnología, le sobra ruido, le sobra todo. A mí me gusta más la arquitectura silenciosa, siento una cierta inclinación por ella, que sea lo más profunda posible, lo más clara posible. Si clara es radical, pues radical, pero lo más silenciosa posible.

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