Vilagarcía se consolida como la sexta estación de tren de Galicia

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

MONICA IRAGO

La capital arousana registró el año pasado un movimiento diario de 1.700 pasajeros

19 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La inversión ejecutada por el Ministerio de Fomento en la estación de ferrocarril de Vilagarcía, que la ha preparado para recibir trenes de cualquier envergadura, incluidos los célebres servicios de la alta velocidad, está más que justificada. De acuerdo con los datos provisionales del año pasado, la capital arousana consolida su posición como sexto enclave ferroviario de Galicia, gracias a un movimiento que en noviembre alcanzaba los 546.500 pasajeros. Teniendo en cuenta que en este balance falta por contabilizar un mes de tanta actividad como diciembre, y que el promedio mensual hasta entonces rondaba las 50.000 personas, lo más probable es que Vilagarcía haya superado, por primera vez en su centenaria historia, los 600.000 usuarios anuales cuando la lectura del 2016 esté completa.

El primer lugar del ránking no ofrece ninguna duda. Santiago supera de largo los dos millones de pasajeros. Cualquiera que conozca la estación compostelana conocerá el enorme movimiento que registra, amplificado por el fenómeno del Camino. Le siguen A Coruña, Ourense, Pontevedra y la gran estación de Vigo Urzaiz. Vilagarcía se sitúa no muy lejos de estas dos últimas plazas, con sus 546.500 viajeros y una media diaria que ronda los 1.700 usuarios.

El número de quienes suben y de quienes bajan del tren en la capital arousana está, por lo demás, muy equilibrado: 274.500 frente a 272.000 personas. Su actividad supera, por ejemplo, a la menor de las dos estaciones olívicas, la de Guixar. Y, desde luego, también, a ciudades con una población muy superior, en las que la solución ferroviaria deja, sin embargo, mucho que desear. Es el caso de Lugo y de Ferrol.

No siempre es fácil obtener las estadísticas del movimiento de pasajeros en Galicia. La gestión se debe, precisamente, a una diputada lucense, la socialista Margarita Pérez, a través de una pregunta planteada en el Congreso.