Las dos líneas rojas del patrimonio en peligro

Hispania Nostra acaba de incluir la mansión de los Duques de Terranova en Vilagarcía en su listado de bienes históricos amenazados de desaparición. En ella figuraba ya la casa Becerra


vilagarcía / la voz

Hispania Nostra nació en 1976 con la intención de defender y promover el patrimonio natural y cultural del Estado español. Cuarenta años más tarde, la asociación se ha erigido en una especie de conciencia sobre el maltrato y el abandono que frecuentemente se dispensan a tantos pedazos de historia colectiva que siguen en pie. Por lo que respecta al patrimonio arquitectónico, su Lista Roja constituye todo un referente, la última llamada de atención acerca de aquellos bienes que están a punto de desaparecer o perder buena parte de su significado. En Galicia sus bases de datos suman 24 ejemplos. Y, dentro de ellos, Vilagarcía disfruta del dudoso honor de ser el único municipio gallego con dos fichas en su haber. A la de la casa Becerra, que se salvó de la piqueta, pero no del descuido imperante, en el último segundo, acaba de unírsele la mansión de los Duques de Terranova.

Construida entre 1881 y 1882 en Vilaboa, entonces Concello de Vilaxoán, y objeto de una notable ampliación décadas más tarde, el palacio se refería en su origen a los Duques de Medina de las Torres. Cuenta con protección integral en el Plan Xeral de Ordenación Municipal. No solo su robusto edificio central, sino también el magnífico parque que lo rodea. Hoy puede resultar difícil adivinarlo, pero fue diseñado por el mismo jardinero que servía a la Casa Real. Dispone de cuatro plantas, cada una de ellas con un espacio de seiscientos metros cuadrados, una escalera principal y otra secundaria, de servicio. Todos los pisos albergan una cocina y chimeneas. En la última etapa en la que tuvo uso apenas funcionaba como residencia de verano. Hasta que el casero apagó la luz, por así decirlo, en el 2003.

El estado de la estructura parece sólido, pero el deterioro va haciendo mella en el palacete. A través de las ventanas, en su mayoría rotas, el viento y la lluvia hacen de las suyas. El mar llegó hasta aquí. La casa gozaba, de hecho, de su propio embarcadero. Eran otros tiempos. La construcción de la carretera litoral entre Vilagarcía y Vilaxoán y las sucesivas ampliaciones del puerto contribuyeron a acelerar una decadencia, sobre la que Hispania Nostra lanza ahora su señal de alarma.

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