El mejor parque de atracciones, el de Ribadumia

Los niños de Armenteira se lo pasaron en grande, al tiempo que aprendieron cómo actuar ante el fuego


05/05/2016 05:00 h

Pocas cosas gustan tanto a los pequeños como los servicios de emergencias. Camiones de bomberos, coches de policía y ambulancias llaman poderosamente su atención. Así que no es de extrañar que los pequeños estudiantes de Armenteira, que ayer visitaron el parque de Ribadumia, llegaran nerviosos y hasta excitados. Sus expectativas se vieron cumplidas de lejos y, además de poder usar máscaras para respirar y jugar con las mangueras, aprendieron cómo deben actuar ante un incendio.

«¿Que fai un bombeiro?», la pregunta del responsable del servicio que impartió la charla tuvo respuestas muy diferentes. Para unos «apagan lumes», pero para otros «rescatan gatos». «¿E que hai que facer cando vedes un lume?». Más peregrinas fueron las respuestas en este caso. Porque mientras unos apostaban «por chamar ao 112», los más valientes querían «botarlle auga». «Antes de nada tedes que buscar a un adulto. Non hai que esconderse, aínda que un teña medo, nin debaixo da cama, nin nos armarios. E se non hai un adulto temos que saír da casa», les explicó el bombero.

 

La parte más divertida

Tras las lecciones, llegó la parte divertida. Primero, los pequeños ayudaron a un bombero a ponerse el equipamiento, y de paso conocieron todos los instrumentos que utilizan estos profesionales. Aquí pudieron probarse las máscaras de oxígeno y conocer lo que se siente al respirar por ellas. El siguiente paso fue todavía más divertido. Los pequeños subieron al camión de bomberos, se sentaron en él y escucharon las explicaciones de cómo viajan en su interior y de todas las herramientas que allí guardan. Por supuesto que no faltaron las luces y las sirenas, que sonaron en varias ocasiones.

 

Un poco de agua

Apagar un fuego fue la siguiente de sus tareas. Uno a uno, los profesionales del parque de Ribadumia enseñaron a los pequeños a colocarse un casco, que en algunos casos resultaba un poco grande de más. Y después les mostraban cómo debían agarrar las mangueras y abrirlas para que saliera el agua. Pero lo que de verdad encantó a los pequeños fue la pequeña fiesta de la espuma que les montaron. Los niños empezaron primero tímidamente a tocar la espuma. Pero segundos después había algunos tirándose de cabeza. «A espuma molla e ademais non é branda», les explicaron. De nada sirvió. Todos acabaron blancos de la cabeza a los pies. Pero más felices, incluso, que si hubieran estado en un parque de atracciones.

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