Ivil, un parachoques para el PP

Ninguna privatización ocultará la falta de dirección de la policía, con la que ahora apechuga de forma estruendosa Dorgambide

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Quien haya mantenido un cierto trato personal con Cholo Dorgambide conocerá perfectamente sus virtudes y sus defectos. Uno estará o no de acuerdo con él, pero difícilmente podrá dejar de percibir su carácter transparente. El hombre no engaña a nadie. Es un tipo sencillo, que lleva media vida a vueltas con Protección Civil y tenía un único objetivo en mente al aceptar el número dos de la candidatura de José Luis Rivera: situarse al frente de la agrupación y reconstruir, según sus propios criterios, el servicio municipal de emergencias. Punto.

Que su pensamiento tira por la diestra ofrece pocas dudas, aunque desde luego la disciplina de partido y la corrección política no son cuestiones que vayan con él. Sucede que Cholo se ha buscado un enorme problema al reclamar las competencias sobre la Policía Local, un servicio cuyos problemas en Vilagarcía se hunden en el tiempo como el plomo en un charco de agua enfangada. En el pecado lleva el concejal la penitencia, puesto que Dorgambide, probablemente sin meditarlo demasiado, se ha convertido en una suerte de paraguas más o menos exótico bajo el que el grupo popular puede guarecerse ante las críticas que jarrean y obedecen a proyectos cuyo alcance y comprensión exceden, con mucho, el papel que el hombre de Ivil desempeña en Ravella.

Tras una semana de pasión, desatada por la intención del bipartito conservador de privatizar la gestión del control del tráfico en la ciudad, al fin sale a la luz lo que subyace a tantos problemas: la descoordinación que padece la Policía Local no es nada nuevo, pero a medida que los mandatos se suceden sin que nadie tome cartas en el asunto, el tema se agrava y genera más quebraderos de cabeza.

En mayo del 2008, todos los sindicatos con presencia municipal, salvo UGT, firmaron un escrito en el que solicitaban a la alcaldesa, la socialista Dolores García, soluciones para una plantilla «carente de coordinación, objetivos y motivación». La herencia se remonta a Javier Gago y aun más atrás, al propio Rivera como regidor de AP. Ninguno de ellos supo atajar la cada vez más evidente falta de modelo y criterio que los agentes sufren en su labor diaria. Esta era una de las misiones con las que Enrique León aterrizó en la alcaldía. Su breve estancia en Ravella impidió cualquier movimiento en este sentido. Y harían bien, quienes ahora tienen responsabilidades sobre la materia, en investigar quién se paseaba en su día por el Concello, presumiendo de haber precipitado la caída del excomisario.

Sin noticias del nuevo gobierno

La lista de despropósitos es, en los últimos años, verdaderamente alarmante: la grúa municipal sin pasar la ITV, el renting de los coches patrulla caducado, el vehículo del radar móvil de la Jefatura Provincial de Tráfico en manos de un operario de servicios, la denuncia de un agente por represalias en el desarrollo de su trabajo, el cargo de coordinador de la Policía Local que, con su creación decidida en el 2010, jamás se activó y, más recientemente, el sainete de la ordenanza de circulación que durante semanas situó a Vilagarcía en el punto de mira de cualquier chiste fácil.

Ninguna privatización, por amplia que sea, podrá ocultar este problema enquistado. Servirá, eso sí, para acrecentar la recaudación del Concello y el negocio de alguna empresa a costa de una presión sancionadora (¡un millar diario de multas!) ante la que el comercio y la hostelería, pilares de la economía y el empleo, se sienten, con razón, amenazados. Cholo, que ya fue desautorizado hace meses por anunciar lo que ahora resulta ser cierto, apechuga de momento con los guantazos. Pero toda paciencia tiene un límite...

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