El verdadero pan de los pobres

La caravana de la fundación distribuyó ayer comida a 40 familias de Vilagarcía y O Grove

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Una veintena de familias recogieron en Fexdega los paquetes de comida con los que tienen que alimentarse todo un mes. fotos Mónica irago

A Mari Carmen se le profundizan las ojeras mes a mes, al mismo ritmo que acude a la parte trasera del pabellón de Fexdega a recoger la comida con la que, desde hace años, da de comer a sus tres hijos. Mari Carmen lleva un año sin pagar su piso, y todos los días se levanta esperando la carta de embargo. Los surcos de su cara escuálida son el rostro de la depresión.

Mari Carmen es una de las 21 beneficiarias de Vilagarcía que ayer fue a recoger el paquete de comida que le dio Amigos de Galicia. Además de productos básicos como leche, pasta o cacao, esta vez se fue con pescado congelado y con una caja de tomates. Cuando hay fruta, se come fruta; cuando no, galletas. Y unos enormes y apetitosos molletes de pan que, si se congelan, pueden tirar todo el mes.

«Se echa en falta un poco de carne», se queja Lucía. «Pero hay que conformarse con lo que hay. ¡Y menos mal que hay algo». Lucía, hace dos años, salió en La Voz de Galicia porque acababa de perder su piso y se tuvo que ir a vivir con el menor de sus hijos a una humilde casa de Vilaxoán que un buen amigo quiso compartir con ellos. Entonces salió de espaldas en la foto, y con un nombre falso. Ahora ya no. «No me importa, mis hijos ya saben lo que hay». Tiene seis hijos, y un marido que nunca le pasó la pensión. Superado ya el medio siglo de vida, antes limpiaba casas. Cuando enfermó ya no pudo trabajar, y ahora, aunque quiera, no tiene dónde.

La cola de la vergüenza

En la cola de la vergüenza de Fexdega -vergüenza ajena y mucha dignidad propia- estaba también Pilar, con sus 55 años y con un hijo en el paro tras sufrir una depresión. Hace poco eran siete en casa, entre hijos y nietos. Un matrimonio y su pequeño se fueron y ahora quedan cuatro. Un hijo lo intentó en Miami, en la construcción, pero volvió con una mano delante y otra detrás.

Ayer tocó reparto en Vilagarcía y en O Grove. En la capital arousana se hace en Fexdega, y en la villa meca, junto al campo de fútbol de Monte da Vila. En sitios escondidos, no se sabe si para ahorrarles a ellos la vergüenza o para que la sociedad no tenga que verlos. Como si no estuvieran ahí todos los días, como si no fuesen la cara real de la crisis.

El perfil en O Grove no es muy diferente al de Vilagarcía. La pobreza se parece en todas partes. Es cierto que en Fexdega, la amenaza de cierre de Cuca se intercala en las conversaciones. Más que nada, porque entre las beneficiarias de Amigos de Galicia hay muchas mujeres que trabajaron en la conserva y que nunca pensaron que la jubilación le reservaba un sitio en la cola de Amigos de Galicia.

En O Grove manda más la emigración. Una mujer italiana casada con un gallego que ahora ya está enfermo y no puede trabajar, o un matrimonio de emprendedores belga al que su empresa de exportación de mejillón se le hundió con el Prestige. El marido cobra una pensión que se va, íntegramente, en el pago de la hipoteca de un piso en el que viven con sus dos hijos. Todos sin trabajo.

Carlos, el repartidor, puso la nota de humor ofreciendo más pan por el mismo precio, y consiguió arrancar alguna risa en la parte trasera del Monte da Vila, en una mañana rosaliana, muy triste, con un orballo persistente. El atrezzo.

una jornada con el reparto de alimentos de amigos de galicia