Las trabajadoras de Cuca se fueron de vacaciones antes de Navidad en plena lucha por la permanencia de la conservera de Vilaxoán. A punto de volver, desconocen si la empresa activará finalmente, como les había anunciado, el ERE que preveía poner en marcha el día 7. Antes de esa fecha, la dirección de Garavilla debería comunicarles su decisión. Sin embargo, a última hora de ayer las cartas en las que debe aclararse el futuro de las trabajadoras todavía no habían llegado.
La plantilla espera que esa comunicación llegue en las próximas horas, pero sea cual sea su contenido, las mujeres tienen muy claro lo que harán. Decida lo que decida Garavilla, el día 7, lunes, se acabarán las vacaciones para ellas. A las nueve de la mañana se presentarán en la nave de la calle Víctor Pita con su ropa de faena dispuestas a incorporarse a sus puestos. Así lo decidieron en una asamblea que celebraban ayer por la tarde.
Ahora bien, son conscientes de que cabe la posibilidad de que no las dejen entrar y de que la actividad no pueda reanudarse. En ese caso, establecerán turnos de vigilancia para evitar que la empresa consume cualquier intención que pueda tener de llevarse la maquinaria de la que dispone la fábrica de Vilaxoán.
Además, no descartan promover una gran movilización social contra el cierre de Cuca. En este caso, apelarían a los grupos que integran la corporación para tratar de orquestar una protesta multitudinaria en favor de la permanencia de la histórica conservera vilaxoanesa.
Estas son las medidas inmediatas cuya puesta en marcha acordó ayer la plantilla de Cuca. A todas ellas se sumará el recurso a los juzgados en caso de que finalmente la empresa decida llevar adelante su proyecto de cerrar la planta de Vilaxoán y trasladar la producción y el personal a O Grove.
Desde Comisiones Obreras insisten en que nada justifica esos planes de la empresa y, por tanto, se oponen a que se clausure una fábrica que da cientos de puestos de trabajo en una comarca ya de por sí muy castigada por el desempleo.
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