Fallecen dos trabajadores en una fosa séptica en O Grove

El suceso tuvo lugar a las cinco y media de la tarde en las instalaciones de la cooperativa de mejilloneros Amegrove

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La tragedia golpeó con furia a O Grove: dos trabajadores perdieron la vida este viernes en una fosa de decantación de un cocedero de mejillón ubicado en el área industrial de Porto Meloxo. Pero el drama pudo haber sido aún mayor, ya que un tercer hombre fue rescatado del interior de ese pequeño recinto subterráneo. Se había metido en él, sin pensárselo dos veces, al oír los gritos de auxilio que desde el fondo lanzaban José Manuel Otero Aguiño, de 25 años, y José Daniel Franco, de 58.

En Amegrove nadie acababa de explicarse cómo se había desencadenado la tragedia. Algunas fuentes apuntan a que las dos víctimas debían de estar limpiando la fosa, ya que junto a su boca, del tamaño de una alcantarilla, se encontraba la bomba succionadora que se utilizaba habitualmente para realizar esa tarea. Es una operación que se realiza con frecuencia, explicaron ayer socios de la cooperativa, pero esta vez el guion no se cumplió, algo salió mal. José Manuel Otero Aguiño acabó en el interior de la fosa, una cámara de cuatro metros cuadrados situada a dos metros y medio de profundidad. «Debeu de achegarse moito á boca e caeu dentro», especulaban a pie de fábrica.

Según señalaron ayer algunos testigos, José Daniel Franco Iglesias, su compañero, se lanzó tras él para intentar rescatarlo. Pronto debió darse cuenta de que no iba a poder hacerlo, y sus gritos de auxilio resonaron en la nave. Uno de los compañeros que los oyó, familiar de una de las víctimas, no dudó en correr hacia el agujero y saltar dentro. Ayer, con una herida en la cabeza y aún conmocionado, recordaba lo ocurrido. «Pidieron ayuda y entré para intentar quitarlos. Pegué un salto y bajé», recordaba. «Pero era imposible... ¿Cómo levantas a una persona dos metros?».

En el interior de la fosa, este tercer joven notó enseguida la fuerza de los gases tóxicos que emanaban del lodo. El explosímetro del Grumir y de los bomberos indicaba, poco después, que en el fondo del pozo había unos elevadísimos niveles de sulfuro de hidrógeno. «Estuve inconsciente, no sé cómo me sacaron. Me levantaron y cuando abrí los ojos no me podía creer lo que estaba pasando».

Este joven le debe la vida a un grupo de compañeros de trabajo. Uno de ellos, Diego Portela, fue uno de los hombres que ayudaron a sacarlo de la fosa. «Cando o sacamos aínda quixo volver a entrar. Pero era un momento de actuar máis coa cabeza que co corazón. Xa se vía que non se podía facer nada», explica.

Poco después de que el 112 recibiese la llamada de alerta lanzada desde la fábrica a las cinco y media de la tarde, los miembros del Grumir se personaron en el lugar. Protegidos con trajes de protección especiales y un equipo de respiración autónoma, se introdujeron en el pozo y pronto lograron rescatar el cuerpo inconsciente de la primera víctima. Intentaron reanimarlo durante varios minutos, pero no sirvió de nada. El segundo cuerpo, también inconsciente, fue recuperado alrededor de las 18.15 horas. Intentaron reanimarlo, pero, de nuevo, los esfuerzos resultaron ser vanos.