La crisis parece capaz de llevarse casi todo por delante. As Revenidas, sin embargo, aguantan el tipo. Ayer, Xoán Quintáns y Chito Barreiro, miembros del colectivo A Repichoca, presentaron el potente cartel que se desarrollará en la explanada portuaria de Vilaxoán entre los días 20 y 21 de este mes. Nada menos que trece bandas, una gala de circo especial, en la que participarán Peter Punk, Os Sete Magníficos+1, Sue Moreno, Wilbur y Ruta Show Company, la animación de Trópico de Grelos, Espíritu Moreno y Os Terribles de Arousa, los malabares de Capitán Maravilla y la Jaima Sáhara, que recogerá fondos para el pueblo saharaui.
Para lograr hacer todo esto realidad, A Repichoca cuenta con la colaboración y financiación del Concello de Vilagarcía y de la Axencia Galega de Industrias Culturais (Agadic). Tanto el alcalde, Tomás Fole, como Juan Carlos Fernández Fasero, por parte de la Agadic, subrayaron el espíritu del nuevo modelo que permite a los festivales acceder a ayudas públicas, del que As Revenidas es un ejemplo. «Son -subrayó Fole- cuatro patas fundamentales: Administración pública, empresa privada, la propia organización del evento y el apoyo del público».
Una de las nuevas condiciones es, precisamente, el cobro por los conciertos, de forma que, por primera vez en su historia, la cita musical de Vilaxoán tendrá una taquilla. No, en cambio, la zona de acampada, que sigue siendo gratuita. Entre los requisitos es preciso, también, disponer de un porcentaje sensible de bandas gallegas en el cartel. Y en este capítulo As Revenidas siempre ha sido un bastión de lo que se hace en el fin del mundo. Así lo acredita este año la presencia de Cempés, uno de los cabezas del fin de semana, O Sonoro Maxín y Guezos.
La apuesta internacional
Pero asentar firmemente los pies en el suelo propio no significa cerrarse a lo demás. La apuesta internacional del festival es, en este sentido, perfectamente visible. Los jamaicanos The Skatalites y los franceses The Booze son sus bazas, sin olvidar la heterogénea propuesta de los vascos Esne Beltza.
Quintáns se encargó de recordar que tal esfuerzo tiene un precio económico, superior a los 50.000 euros, de ahí la necesidad de recurrir a ayudas públicas. Y por supuesto, el evento central que da sentido a todo: la clásica sardiñada del sábado.