Cada primer domingo del mes de agosto, Catoira arde con el fuego vikingo. Miles de personas acuden hasta las Torres do Oeste para presenciar la dramática lucha entre los bárbaros llegados del norte y los defensores de la primera puerta de Santiago. La fiesta, declarada de interés turístico nacional, se ha convertido en una cita fija e imprescindible del verano gallego. Pero ni siquiera un evento con ese pedigrí logra escapar a la crisis. Este año, en el programa festivo se gastarán alrededor de 50.000 euros, un 30 % menos que en años anteriores.
Del recorte habló el lunes, en el pleno, el alcalde socialista de Catoira, Alberto García. Lo hizo a preguntas de la oposición: tanto el BNG como los concejales no adscritos, antes militantes del Bloque, ahora de +G. Aunque el tijeretazo ha sido importante, lo cierto es que el gobierno local confía en que las estrecheces del cinturón financiero se noten lo menos posible en el programa de actos. Habrá que esperar a que este se cierre -y ya está casi a punto, según afirman desde el gobierno local-, para comprobar si esa inversión de menos tiene más efectos que la eliminación de la verbena del domingo, que ya se ha caído definitivamente de la lista de actos.
En el pleno del lunes se habló de más asuntos relacionados con la Romería Vikinga. Fue cosa del concejal del BNG, Xoán Castaño, quien hizo al alcalde «unha serie de suxestións» para mejorar la seguridad y las condiciones del entorno de las Torres de Oeste donde tiene lugar el grueso de los actos festivos.