Cimentando la futura Europa

Alumnos del Castro Alobre visitaron Bruselas y se adentraron en los entresijos de la Unión acompañados por el eurodiputado Millán Mon

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A Elena Vázquez, la vicedirectora del instituto Castro Alobre, se le metió entre ceja y ceja conseguir una beca para poder viajar con sus alumnos al Parlamento Europeo. Así que removió cielo y tierra hasta dar, a través de la concejala Rocío Llovo, con un europarlamentario dispuesto a apadrinar la excursión. Fue así como, patrocinados por Alejandro Millán Mon, una expedición de 25 rapaces y dos profesoras -la propia Elena y Milagros Torrado- se embarcaron la pasada semana rumbo a la Bruselas, la capital de la Unión. Ahora, ya de vuelta, alumnos y docentes hacen balance y concluyen que esta experiencia debería estar al alcance de cuanta más gente, mejor. A fin de cuentas, si somos europeos deberíamos empezar a descubrir Europa, ¿no?

Antes de llegar al Europarlamento, los expedicionarios pudieron dedicarse al turismo. Reconocen que, al bajarse del avión «alucinaban» con todo lo que veían. Con los precios: «¡Una botella de agua valía 3 euros!» dicen, aún atónitos. Con que hubiese que pagar para usar los baños, incluido el del McDonalds. Y con las mujeres que, pese a llevar velo, compraban y vendían ropa en las grandes cadenas, dejando entrever el glamur que ocultan de las miradas. También les sorprendió la gran variedad de acentos que se oyen en Bruselas, les encantó el paseo en barco por los canales de Brujas, y se rindieron a la poderosa tradición chocolatera.

Solo ese cúmulo de experiencias valdría para justificar el viaje. Aún así este cobró todo su sentido el martes, cuando la expedición pasó los controles de acceso al Europarlamento, ese lugar donde, en teoría, se cuecen las decisiones que marcarán nuestras vidas. Allí, a algunos de los estudiantes les «cambió bastante» la idea que tenían de la UE. A otros no. Pero todos califican de «interesante» ver una votación en directo, tener una charla con varios funcionarios españoles en Bruselas, y participar en un debate con su anfitrión, Millán Mon.

«En general, creo que los funcionarios nos hablaron más abiertamente que el eurodiputado», cuenta Jacobo, uno de los expedicionarios. «Él es político...» dirá después su amigo Elías, dejando en el aire las lecturas que se quieran hacer. «A algunas de las preguntas que hacíamos daba vueltas pero no nos contestaba». Por ejemplo, cuando le preguntaron por qué Alemania tiene un poder del que otros estados carecen. O por qué van tan despacio las políticas fiscales. O si no es un fracaso que algunos países sigan empecinados en no entrar en la UE. O cómo se explica que en Europa las desigualdades sociales sigan siendo tan grandes. «Tenemos alumnos muy incisivos», señala Milagros, la profesora. Ella tiene la impresión de que la charla con los funcionarios fue más reveladora para los chavales. «Nos invitaron a aprender cuantos más idiomas mejor, y nos dijeron que un belga, a los 16 años, ya habla inglés, francés, flamenco y alemán», cuentan.

También quisieron quitarles el miedo a salir de casa, y los jalearon para que «se abran a Europa, para que vayan a buscarla». Ellos están dispuestos a hacerlo. Todos afirman que «la unión hace la fuerza» y que la UE es el único camino para hacer frente a las potencias de siempre y a las emergentes. Sin embargo, no todos confían en que se vaya por el buen camino. Algo hemos tenido que hacer muy mal para que 25 buenos estudiantes tengan la certeza de que lo que les espera es la emigración.

Los alumnos del instituto posan ante el Atomium, uno de los emblemas de Bruselas. cedida