María José Villanueva y Loli Calvo, que regentan sendos puestos en la entrada de la plaza de abastos con el mostrador a la intemperie, capean el frío con algo de cháchara y mucho buen humor. «Pásase moito frío, pero hai que roelo», sentencia María José, que lleva ya 25 inviernos con sus respectivos veranos despachando fruta y otras viandas a los vilagarcianos. El secreto, «unha camiseta de felpa e un pantalón por riba doutro, botas polares e un gorro na cabeza». Dicen que algunas mañanas se lo piensan antes de volver, pero no deja de ser una pose, porque «non hai Dios que poda con nós», sostiene María José.
Al menos Loli le saca algo de beneficio al frío, porque en esta época de fin de rebajas mezclada con crisis, ella no para de vender polares y otras prendas de abrigo que están bien colocadas a la vista del público, para que piquen.