Quienes comparten coche deben compartir, también, horarios. Y una cierta afinidad que no haga del viaje algo insoportable.
Diego y bea
Funcionarios en Pontevedra. Él es de Dena. Ella, de Corbillón. Ambos están condenados (y bendita sea la condena) a coger el coche cada día para dirigirse a su puesto de trabajo en las dependencias de la Xunta en Pontevedra. Allí coinciden en las oficinas en las que se gestionan los servicios de Dependencia. Y allí surgió, hace casi un año, la idea de compartir coche. Diego y Bea están más que satisfechos con el acuerdo al que han llegado. «Cada día lleva el coche uno», explican. El otro vehículo permanecerá estacionado en el aparcamiento situado junto a la rotonda del acceso a la Vía do Salnés desde la que se llega a Ribadumia, rodeado de más turismos y furgonetas «de autónomos y de repartidores», de gente de todo tipo que también comparte coche cuando puede. El viaje de nuestros protagonistas arranca en ese punto a eso de las ocho y cuarto de la mañana, tiempo suficiente para llegar a Pontevedra. «Normalmente, algo antes de las tres y media estamos de vuelta», cuenta ella. Aunque hay días que la cosa se demora: cuando los encontramos, la jornada ha sido más larga de lo habitual. «Es uno de los inconvenientes de compartir coche, que hoy he tenido que esperarlo», dice Bea con una sonrisa. En cualquier caso, sigue ganando la lista de ventajas: la compañía y, sobre todo, los euros que dejan de escaparse cada vez que se arranca el motor. «¿Cuánto ahorramos?». Ambos se miran para calcular. «Yo diría que unos cincuenta euros a la semana sí se pueden ahorrar», acaba diciendo Bea.
gabriel cores
Trabajador de Citröen. Gabriel es de A Illa y trabaja en Citröen. En la factoría viguesa ha coincidido con gente de Vilagarcía y Vilaxoán. «No nos gusta vivir en Vigo, preferimos estar en casa», cuenta. Así que varios de ellos se pusieron de acuerdo y comenzaron a compartir coche. «Hubo épocas en las que llegamos a salir tres coches llenos», señala este joven isleño. Ahora, viajan cinco trabajadores en un único vehículo en el turno de Gabriel, y «sale otro coche del turno de noche en el que van tres más». Cosas de la crisis y de los recortes de plantilla. El secreto para que el sistema funcione es el mismo que rige para cualquier tipo de convivencia. «Todo el mundo tiene que ceder en algo», sea en donde se reúnen a la hora de salir, sea en ir por autopista y no por carretera. Aún así, ahorra mucho: gasta 120 euros que serían 360 de ir solo.