Últimos resquicios de nuestra historia


22/12/2010 02:00 h

Me sorprendió la noticia. El Concello sustituirá los conjuntos de azulejo de Ravella por hormigón. Así de simple, sin más dilaciones y una vez más, los responsables políticos, haciendo honor a las atrocidades cometidas por los históricos gobernantes de esta ciudad y en la misma línea, se cargarán de un martillazo nada más y nada menos que 90 años de un conjunto emblemático en el que cientos de vilagarcianos han inmortalizado momentos inolvidables de su vida.

Se construirán unos bancos de hormigón sin ningún tipo de respaldo. La invasión del cubismo en pro de la modernidad más absurda y aberrante, como siempre encuadrada en un proyecto del que algunos tendrán la desfachatez de presumir. A mi querida amiga Rosalía no le permiten cambiar las ventanas de su casa a pesar de su intención de construirlas exactamente iguales, de madera y con todas sus características respetadas hasta el mínimo detalle. La oposición a esta obra se fundamenta en que son parte del patrimonio histórico de Vilagarcía. Algunos de los antiguos bancos permanecen inertes en medio de una vegetación de silvas exuberante. Si nos trasladamos a Rey Daviña podremos observar que los edificios se conservan más o menos en su estado original. Pero si analizamos el centro de la calle, en su mobiliario urbano y su iluminación, uno no deja de pensar en la tremenda incompetencia de los responsables de este majestuoso proyecto de desencuentro atroz.

Son innumerables las obras que escapan a nuestra comprensión. Las escaleras enterradas de la playa de A Compostela, su arena, el edificio Lara, el edificio construido sobre pilares de hormigón encima de la misma playa que aún hoy no sé lo que es. Un auditorio que en pocos años pasó a ser una seria amenaza para la integridad de los mortales y en cuyo interior podemos oír los coches que circulan por la calle que lo rodea. De ingenuos sería ya intentar encontrarle el más mínimo resquicio de intencionalidad a una conocida frase de un gobernante reciente: «Acercar Vilagarcía al mar». El mar, ese hermoso mar, testigo cercano e inseparable de la historia de nuestra ciudad irremediablemente ha desaparecido. Resumiendo, la obra del jardín de Ravella, como muchas otras, será un motivo más para sentir vergüenza de no poder responder cuando alguien te pregunta dónde está el casco histórico de esta ciudad.

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