La mayoría de la flota pesquera de A Mariña cumplió ayer su tercer día de amarre forzoso. Mar de fondo con olas de más de cinco metros y vientos de fuerza seis y siete (entre 40 y 61 kilómetros de velocidad) impidieron faenar a gran parte de los barcos mariñanos. Para los dueños y para los tripulantes, no poder pescar significa quedarse sin ingresos y, en el caso de los armadores, afrontar gastos ineludibles, como, por ejemplo, cotizaciones sociales o créditos financieros, entre otros.
Si anteayer hubo algún que otro pesquero que aprovechó la tregua climatológica del mediodía y el abrigo de las rías para trabajar, ayer salieron algunos más. Aunque el lunes y el martes optaron por regresar a puerto, porque el oleaje les impedía faenar, parte de los arrastreros de litoral de Burela largaron ayer aparejos a la altura de la costa de Ribadeo. También zarparon los de Celeiro, que se guarecieron del temporal en Gijón porque tenían intención de pescar en el caladero nacional frente a ese litoral. Parte de estos últimos regresaron otra vez a ese puerto ayer, por las adversas condiciones del mar.
Para hoy está anunciada una mejoría, con mar de fondo que a partir de la madrugada bajará la altura de las olas a menos de cuatro metros.
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