Leiras a vista de pájaro

El uso de drones para el seguimiento de los cultivos gana adeptos entre los agricultores gallegos


redacción / la voz

Siguen utilizando el ferrado como su principal medida de superficie pero, sin embargo, echan mano de la más moderna tecnología para realizar el seguimiento de sus cultivos. Cada vez son más los agricultores gallegos que, sin olvidar su ancestral apego por la tierra, apuestan por la que ha venido en llamarse agricultura de precisión.

Dicho de otra manera, va en aumento el número de profesionales que deciden los trabajos que van a realizar en sus parcelas después de analizar distintos parámetros y mediciones que se obtienen gracias a sistemas de información geográfica, sensores colocados en las fincas y, principalmente, fotos aéreas de alta resolución.

En este sentido, están cobrando una especial importancia los drones que, equipados con distintas cámaras fotográficas, facilitan al agricultor una información muy valiosa sobre el estado de sus cultivos. «Aunque estamos en una fase incipiente y muchas tecnologías tienen amplio margen de mejora, lo cierto es que las posibilidades que permite la aplicación de estos sistemas en la agricultura son inmensas», apuntan desde el departamento comercial de una de las principales multinacionales de semillas a nivel mundial.

«Actualmente existen cámaras térmicas infrarrojas o multiespectrales que nos permiten conocer desde el grado de humedad del suelo hasta la presencia de plagas o enfermedades en las plantas, pasando por la aparición precoz de malas hierbas o la correcta maduración del grano, aspectos estos fundamentales para el agricultor a la hora de tomar determinadas decisiones», explican desde esta misma empresa, volcada estos días en la campaña de siembra del maíz que ha empezado a desarrollarse en Galicia.

La posibilidad de conocer, casi en tiempo real, las incidencias que pueden afectar a los diferentes cultivos ha despertado el interés de los agricultores, principalmente de aquellos que cuentan con una mayor base territorial. Es el caso de la granja Busto-Corzón, en Mazaricos, que ya durante el pasado año realizó varios vuelos de prueba con drones para analizar el crecimiento de la planta en varias de sus fincas de maíz y que este año prevé extender la iniciativa a la mayor parte del centenar de hectáreas de las que disponen.

«No noso caso, fixemos todo en colaboración coa empresa que nos proporciona as sementes. Parécenos unha tecnoloxía moi útil que che permite gañar tempo, pois podes atacar un potencial problema dun xeito moi precoz. Por suposto, isto permite aforrar tempo e, sobre todo, diñeiro», señala José Manuel Fernández, uno de los cinco socios de esta cooperativa láctea.

Aplicaciones forestales

Las posibilidades de los drones y de la tecnología que pueden albergar se extienden también al ámbito forestal, tal y como reconoce Aquilino Abeal, director técnico de Aeromedia U.A.V., una de las empresas punteras a nivel estatal en la fabricación y uso de este tipo de aeronaves. «En nuestro caso, incluso los hemos utilizado para realizar tratamientos fumigadores contra la procesionaria del pino y otro tanto podría hacerse también para zonas localizadas de parcelas agrícolas», matiza.

Desde Aeromedia, cuya sede principal está en la localidad coruñesa de Oleiros, incluso apuntan a la posibilidad de que, a corto plazo, puedan utilizarse drones para cubicar el volumen de madera de una determinada masa forestal. «Se están desarrollando sistemas láser que discriminando determinados factores y circunstancias permiten conocer la altura o grosor de los árboles y calcular por tanto la cantidad de madera».

A pesar de haberse registrado un incremento importante de la oferta de este tipo de productos en el mercado, la adquisición de un equipo que pueda ser aplicado en agricultura de precisión sigue siendo excesivamente caro para la mayoría de las explotaciones. De ahí que sean las propias empresas que les suministran las semillas o los herbicidas las que les ofrecen también este servicio.

Comprar un dron de uso profesional puede oscilar entre los 400 y los 4.500 euros, mientras que el precio de una cámara termográfica puede alcanzar fácilmente los 7.000 euros.

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