La Justicia y el color del cristal con que se mira

foto de José Manuel Rubín Carballo
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Decía el poema del asturiano Ramón de Campoamor: «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira». Más de un siglo después, la reflexión sigue vigente como se pudo comprobar esta semana en La Voz de Galicia. Resulta que, según contaba el viernes el diario, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo 2 de Ourense ha desestimado el recurso de la Diócesis contra un acuerdo del Concello de Allariz obligando a la iglesia a abonar el IBI como cualquier hijo de vecino. Pero resulta también que, según contaba La Voz hace escasas semanas, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo 1 de Ourense había estimado el recurso de la misma diócesis eximiendo a la iglesia del pago del mismo tributo en el Concello de Amoeiro. ¿Cuál es la sentencia justa? ¿La del Juzgado 1 o la del Juzgado 2? ¿Por qué Allariz puede cobrarle el IBI a la iglesia y Amoeiro no? Dice la Constitución que la Justicia «será administrada en nombre del Jefe del Estado, de acuerdo con las Leyes, por jueces y magistrados independientes, inamovibles y responsables con arreglo a la Ley». Si la ley es la misma para todos y si los jueces pasan la misma oposición y se forman en el mismo Centro de Estudios Judiciales, ¿por qué ante supuestos idénticos dos jueces estiman soluciones contrapuestas? ¿Qué nivel de confianza le da al ciudadano estas decisiones? Si en la vida cotidiana el aserto del vate Campoamor se hace realidad a diario parece grave que en la Justicia (con mayúscula) nada sea verdad ni mentira y que todo sea según el color del cristal con que lo mira uno u otro juez.

La frase «Xa chimpaches dous alcaldes sen gañar nunca as eleccións», le espetó una voz anónima a la nueva alcaldesa de Vilamartín de Valdeorras, María Jesús Candal, después de concluir el pleno en el que triunfó la moción de censura que desalojó del poder al PSOE (444 votos) y colocó a la derecha (810 votos). Nada que objetar desde el punto de vista democrático (es el gobierno de la mayoría) pero sí desde la atalaya del liderazgo personal. En Vilamartín gobierna ahora una mujer que perdió su fuerza moral cuando obligó a su padre, el histórico Manuel Candal, a abandonar la alcaldía (¡por motivos políticos que no en un golpe de amor filial para procurar una vida más cómoda al progenitor!) después de 36 años de poder. Hay genes que no se heredan. Mientras el padre obtenía el 64,65% de los votos, la hija consiguió el 29,81%. Con liderazgos así, exentos de respaldo popular, el PP gobernará pero no convencerá.

El dato El titular de La Voz era claro: «Baltar repescó a 11 de los 104 contratados por su padre». Algo se va avanzando en el desmantelamiento de la política de clientelismo y nepotismo instaurada en Ourense durante décadas. Con el anterior Baltar los titulares eran de este tenor: «Todos los aprobados en una oposición de la Diputación de Ourense son hijos de cargos del PP». Del 100 % del padre se pasó al 10,5 % del hijo, lo que es un signo de esperanza democrática. ¡Antes se habrían repescado los 104!