El PP es una balsa de aceite, pero son conocidas las soterradas fricciones que se producen de manera más o menos periódica entre De Cospedal y Sáenz de Santamaría, desencuentros que, por el momento, no preocupan lo más mínimo a Rajoy. Hay populares que, incluso, achacan esos roces a una temprana toma de posiciones de ambas de cara a una carrera sucesoria que no se lanzará hasta dentro de 4 u 8 años. De Cospedal sabe bien que Rajoy es poco proclive a cambiar lo que funciona.
No obstante, debe remozar una dirección en que, como ironizó González Pons, «solo quedan los huérfanos». Y es que hasta ocho miembros del comité ejecutivo han cambiado la rutina de Génova por la Moncloa y el Gobierno. La idea es que permanezcan en el comité, aunque alejados de la primera fila.
El PP, por lo demás, encara un congreso muy diferente al que celebró el PSOE o al que vivió Rajoy en el 2008. Ni debates ni elecciones en urnas. Nadie discute el liderazgo. Hay otro dato que avala esta tesis: frente a la 16.000 enmiendas a las ponencias socialistas se cuentan 1.500 populares. Hay voces que, sin embargo, alertan de que el PP corre riesgo de «enfermar de éxito». Y es que, pese a las recomendaciones de Rajoy, que llamó a los suyos a «no olvidar» el partido, hace más de un mes que no se reúne el comité ejecutivo y los ministros solo pasan por Génova los viernes por la tarde.