¿Qué podemos esperar ahora del impuesto?

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El Gobierno aprobó una subida del IRPF de hasta 7 puntos para la renta general y 6 puntos para la renta del ahorro. Los efectos de una reforma fiscal como esta son inciertos. No conocemos todavía la evolución de la economía en el 2012, ni el comportamiento que puedan adoptar los contribuyentes ante el incremento. No obstante, podemos obtener resultados interesantes simulando la reforma sobre una muestra de casi dos millones de declarantes del impuesto en el 2008 elaborada por la Agencia Tributaria.

Renta media adicional. El primer resultado relevante es que la reforma implicará un incremento de la recaudación en torno al 6,5 %, lo que supone que los españoles deben destinar, de media, un 1,6 % adicional de su renta a pagar el IRPF. Por comunidades, esta cifra es mayor que la media en Cataluña, La Rioja y Madrid (aquí por encima del 2 %), siendo Extremadura la que presenta menos crecimiento (un 1,2 %). Galicia presenta una cifra baja (un 1,4 %), similar a las de Andalucía, Canarias o Asturias. Esto se explica fundamentalmente por el nivel medio de renta.

Progresiva y redistributiva. El segundo resultado es que la reforma es claramente progresiva y redistributiva. El 10 % más pobre solo debe destinar un 0,5 % adicional de su renta a pagar el incremento impositivo, mientras que el 10 % más rico debe destinar un 2,8 %, siendo los valores intermedios estrictamente crecientes. Lo que implica que este 10 % más rico asumirá más del 60 % de la subida, mientras que el 50 % más pobre de los contribuyentes pagará el 8,5 %.

Pagan más las comunidades más ricas. De este análisis podemos concluir que la subida del IRPF se ha hecho de manera que las rentas más altas (y, consecuentemente, las comunidades autónomas más ricas) soporten una carga considerablemente mayor. No obstante, se trata exclusivamente de una medida coyuntural que no nos debe hacer olvidar los serios problemas que arrastra el IRPF español.

Reformar el impuesto. Además de los importantes niveles de fraude fiscal, que representan en sí mismos una sustancial fuente de inequidad, y del alejamiento de muchas bases liquidables respecto de su verdadero valor, el IRPF se ha convertido en un impuesto compuesto de diversos parches que se van solapando según las circunstancias, convirtiéndolo en un tributo sumamente complejo en el que los contribuyentes no sabemos realmente cómo se calcula nuestra deuda tributaria. Es hora, por tanto, de que nuestros gobernantes asuman la necesidad de una verdadera reforma que lo transforme en un impuesto no solo más justo, sino también más sencillo y transparente.