E n un primer asalto, el Gobierno y el Banco de España dijeron a las cajas (que nos enteramos que eran, casi por sorpresa, zombis): te ayudamos si te fusionas; en el segundo asalto se cambiaron las reglas y se las obligó a mutar en sociedades por acciones (con lo que algunas se convirtieron en propiedad del Estado); ahora, en el tercer asalto, se aprietan más las exigencias y se les susurran nuevos préstamos del FROB si se vuelven a fusionar; es decir si te dejas comer por uno de los grandes grupos sistémicos que van a acabar repartiéndose el el mercado.
Se buscan campeones nacionales. Alimentados con gangas saneadas a cuenta de los ciudadanos. Porque ya nos fumamos el Fondo de Garantía de Depósitos y nada garantiza que la deuda pública que emita el FROB no se nos convierta en déficit.
Mientras tanto, en Alemania siguen con todas sus cajas y sus bancos regionales públicos, y en Francia con un campeón nacional bancario público. En plena tormenta económica mantienen instituciones financieras públicas estables, mientras aquí proseguimos con un programa acelerado de derribo de nuestra biodiversidad financiera.
Nada de anclar en el FROB público los restos del naufragio. Aunque, digo yo, si están siendo compradas y valoradas a precio de saldo -cómo bien sabemos por la de Galicia- ¿por qué apurarse en venderlas? Si, a lo que parece, en estas condiciones les interesa comprar a algunos que no pasan por filántropos ¿nos interesa vender ahora a los ciudadanos? ¿Es en esto distinta la coyuntura a la que se alegó para esperar en Loterías o en Barajas?.
Ya que esperar en eso no implica postergar, como se vino alentando, un ajuste realista del valor de los activos basura. Y mucho menos impide tomar medidas (para la vivienda habitual de los hipotecados que estén en desempleo) que frenen la marea social de una creciente insolvencia de los hogares ante sus deudas hipotecarias.
Esperar los tres años que los expertos en crisis financieras, como mi colega Xosé C. Arias, estiman que nos restan de desapalancamiento sería un plazo suficiente para muscular de nuevo, y anclar en el territorio, los restos de lo que fueron las dos cajas gallegas.
La Xunta debiera arrimar el hombro y ayudar a abrir ese escenario en favor de la economía regional. Como si de una Baviera alemana se tratase. No sea que solo se vayan a hacer trajes a medida -centrípetos-para Madrid.
Se buscan campeones nacionales alimentados con gangas