Una venta opaca como pocas

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La quiebra de Marsans dejó en el verano del 2010 una deuda de más de 400 millones de euros. En noviembre de ese año, la Justicia declaró también en quiebra personal al entonces aún presidente de la CEOE, después de haber ordenado embargar sus bienes como medida preventiva para cubrir el déficit patrimonial de la empresa.

El hundimiento, primero de Air Comet, que dejó miles de afectados al cerrar de forma sorpresiva, y después de Marsans, ahogado por las deudas y la presión de sus clientes y las autoridades, siempre estuvieron bajo sospecha. Los afectados, que van mucho más allá de los meros viajeros, pues la quiebra se llevó por delante desde agencias de viaje a hoteles, siempre denunciaron maniobras oscuras en los últimos meses de cada una de las dos compañías. Máxime en los movimientos que dejaron Marsans en manos de Ángel de Cabo. Una venta opaca como pocas y en la que la labor de los administradores judiciales que llevan el concurso ha ido destapando idas y venidas de dinero más que sospechosas.