El 38.º congreso del PSOE no solo debe diseñar una nueva dirección -secretario general, ejecutiva y comité federales- sino también el camino que emboque el partido para remontar su mayor fracaso electoral de la democracia. Un proyecto que debe reubicar su rol como oposición (hoy titubeante), aclarar el programa con que enfrentar la crisis y generar la autocrítica necesaria para corregir ese sesgo liberal que ha desdibujado su perfil socialdemócrata y que lo ha aislado del ciudadano en la segunda legislatura de Zapatero. Complicado. La base para el debate es la ponencia marco (que aprobó la dirección) y las 16.000 enmiendas remitidas por las más de 4.000 agrupaciones socialistas.
Primarias abiertas. No solo aboga porque participen los simpatizantes, sino los ciudadanos que lo deseen. La fórmula de participación está por desarrollar.
Más Estado. Devolver al Estado, en estos tiempos de recortes, su rol de garante de prestación de servicios básicos y, sobre todo, que estos lleguen al ciudadano en igualdad de condiciones, sea de la comunidad que sea.
Sistema fiscal. Más impuestos para bancos y transacciones financieras y esfuerzo en la lucha contra el fraude fiscal (incluye el veto a toda compra en efectivo que supere los 3.000 euros).
Inversión pública. Recortes, sí, pero también estímulo de la inversión pública. Y forzar el flujo del crédito hacia las familias.
El voto. Quiere bajar a 16 años la edad para votar. Y limitar el mandato de los presidentes del Gobierno y de las comunidades.