on el sector de la construcción en estado de choque, finalizada la temporada alta turística y con la demanda (interna y externa) en la uci de los planes de ajuste (cobrar menos, pagar más impuestos), la economía española no parece haber alcanzado aún su máximo en destrucción de empleo. Como si fuese una esponja, todo el empleo generado en los años de crecimiento se ha evaporado entre el año 2008 y el 2011.
Llegados a este punto creo que detener esta sangría social requiere un rotundo cambio de planes. Para empezar, suavizar el ajuste fiscal y no hacerlo más pesado aún para las rentas salariales. En segundo lugar, definir programas de estímulo que vayan en la dirección de crear empleo sólido y digno. En tercer lugar desactivar todos los estímulos que en la actualidad favorecen a los aprovechados de la economía esponja y, desde luego, no hacer reformas laborales que faciliten -aún más- la existencia de presuntas empresas que viven de exprimir la miseria humana.
En lo primero, me refiero a aplazar al año 2015 el objetivo de rebajar el déficit público al 3 % y, por lo tanto, evitar mayores recortes a corto plazo, pero también a tomar nota de las propuestas fiscales redistributivas que acaba de hacer Barack Obama en Estados Unidos. En lo segundo, se trata de evitar usar fondos de estimulo al empleo -los de cohesión de la UE u otros- a la manera de cierto Plan E; es decir, evitar que programas de incentivo del empleo o ayudas a empresas y autónomos, sean capturados como un subsidio de paro encubierto; y dirigirlos solo a quienes se comprometan a relevar -en un plazo fijado- al Estado como garante de la continuidad de ese empleo. Actividades no de esponja.
En tercer lugar, deben colocarse todos los focos sobre el justo destino de los 30.000 millones de euros que nos gastamos en prestaciones a desempleados. Porque como no va a ser fácil disponer de más recursos -mientras aumenta el volumen de parados y de los que agotan su cobertura-, cada euro que esté siendo aprovechado en creativos sistemas de rotación (contrato temporal-subsidio-contrato) de empresas esponja, o en minijobs ibéricos en los que autodenominados empresarios pagan en negro a un parado que no puede arreglarse con los 500 euros del subsidio, es un disparate, un delito social.
Las tentaciones para no ser rigurosos en todos estos asuntos no son pocas. Porque para conseguir maquillar rápidamente las estadísticas del desempleo y colgarse esa medalla, no hace falta que los incentivos sean rigurosos ni, menos aún, desactivar los estímulos a la indignante picaresca nacional. Basta con cargar de nuevo la esponja. Y, más pronto que tarde, vuelta a empezar.