Llegó a Vilagarcía hace diez años procedente de Venezuela creyendo que en España encontraría un futuro mejor para su familia, pero lleva cuatro en el paro, con todas las ayudas agotadas. «Vine de turista y me quedé», recuerda Douglas Silva, de 46 años. «Tenía un hermano que es cantante de orquesta y decidí buscar trabajo aquí. A los once meses traje a mi esposa y a mi hijo, que ahora tiene 19 años y se crio aquí. Al principio no tenía problemas. Nunca tuve un trabajo fijo, pero siempre salí adelante, dejaba uno y entraba en otro, unas veces en la construcción y otras en orquestas. Vivíamos allí donde había trabajo, y me mudé de casa hasta catorce veces, pero estábamos bien». Primero O Grove, luego A Estrada y después Vilagarcía, al ritmo que marcaba la nómina.
Hasta que hace cuatro años la crisis los agarró por el pescuezo. Aún no los ha soltado. «Llegó un día en que no había trabajo, y después agoté el paro, y luego la ayuda familiar, y después la que me dieron por ser mayor de 45 años, y ahora ya no cobro nada. Mi mujer, que tampoco trabaja, tiene una ayuda de 426 euros. Con eso hacemos milagros, pagamos el alquiler y procuramos no gastar para que las facturas no sean altas; luego nos ayuda Cáritas, que nos da comida».
Los estudios del hijo
Quizás sea su carácter caribeño, quizás su manera de ser, pero Douglas evita quejarse. Y eso a pesar de que es delineante y nunca pudo ejercer como tal, y que pensó que en España su hijo iba a vivir mejor. «Pero no renuncio a darle una carrera. Es un joven muy maduro que está en segundo de bachillerato y al que estos golpecitos de la vida le enseñaron a crecer. Lo cierto es que nos damos apoyo los unos a los otros, porque, si no, no salimos de casa y lo único que hacemos es deprimirnos».
Él hace lo posible por salir a flote y no pierde la esperanza. «Bueno, esperanza poca, porque la situación es muy difícil, lo que tengo es resignación». Se aferra a cualquier oportunidad que le da la vida y ya realizó en Cáritas cursos de formación, uno de cocina y otro de jardinería. «Aprovecho la situación para formarme, y a ver si pasa la racha».
El retorno, descartado
De momento, no se siente tan desesperado como para plantearse la vuelta a su país de origen. «No, no me lo planteo, tengo temor por la edad de mi hijo que prácticamente se crio aquí. Es posible que allá encontrase trabajo, porque nadie te controla y puedes salir adelante, pero la inseguridad es tremenda y no creo que sea lo mejor para mi hijo, allí hay mucha delincuencia».
Por eso Douglas prefiere tomarse las cosas con calma y esperar a que escampe. Sigue buscando trabajo, sigue apuntándose a todos los cursos que encuentra y sigue tratando de gastar lo menos posible para estirar esos 426 euros con los que resisten los tres miembros de la familia Silva. «Nos ajustamos a lo que hay y vamos tirando», dice. «Resignados, claro». Y con la cabeza sobre los hombros.
douglas silva cuatro años en el paro
«Esperanza poca, porque está muy difícil; lo que tengo es resignación»