Los gitanos rumanos y búlgaros expulsados de Francia tampoco son aceptados en sus países de origen, donde sufren discriminación y racismo
Las expulsiones masivas de ciudadanos búlgaros y rumanos de origen gitano del territorio francés han desencadenado un profundo malestar y críticas en la Unión Europa (UE). Bruselas ha pedido explicaciones a París por estas expulsiones y ha expresado su preocupación por el gran número de gitanos que tienen que abandonar los países más pobres de la UE e instalarse en la parte más desarrollada del club comunitario, sobre todo en Francia, España, Alemania e Italia. Los gitanos también han protestado. «Aquí somos como vagabundos. No tenemos trabajo, no tenemos nada», afirmó al llegar a Bucarest Gheorghe Ion, uno de los gitanos expulsados de Francia. «Nos quedaremos en casa si encontramos trabajo, pero es difícil porque el país es muy pobre», indicó otro rumano que se vio obligado a abandonar Grenoble (centro este de Francia) con su familia.
Las autoridades de Rumanía y Bulgaria, los dos países más atrasados de la UE, han reaccionado con firmeza ante la decisión de París. Tanto es así que en Rumanía, la Alianza Cívica de los Gitanos, que agrupa a 21 colectivos, hizo un llamamiento a boicotear los productos franceses en el país balcánico y a una manifestación el próximo 6 de septiembre.
Según el portavoz de esta organización, David Mark, «hay que boicotear los productos y servicios franceses en el ámbito europeo para recordar al Gobierno francés que los derechos fundamentales no se negocian». En Chequia, donde viven unos 300.000 gitanos, el ministro de Asuntos Exteriores, Karel Schwarzenberg, acusó a Francia de racista, porque «la manera en que se realiza la expulsión contradice las reglas comunitarias». A su juicio, «al observar la política de seguridad francesa, uno no evita la sospecha de que el racismo desempeña un papel importante en ese caso».
Miseria y discriminación
La polémica sobre esta expulsión masiva también ha vuelto a recordar la grave situación que viven los gitanos rumanos y búlgaros en sus países de origen y en el conjunto de la antigua Europa comunista. Tanto en Rumanía, donde residen dos millones de gitanos, como en Bulgaria, con unas 850.000 personas de este origen, la miseria, la discriminación social y el racismo acompañan dolorosamente a este colectivo a lo largo de su vida. Siete de cada diez rumanos rechaza que un gitano pueda integrar su familia. Para muchos de estos gitanos la emigración es la única solución que tienen para sobrevivir.
El director de la organización de defensa de los gitanos rumanos Amare Rromentza, Mihai Neacsu, explica que la mayoría de los gitanos que emigran forman parte de «comunidades tradicionales, muy pobres, que viven en zonas rurales, allí en donde están la mayoría de los problemas». Sólo en Francia se calcula que viven unos 15.000 gitanos rumanos. En el caso de Bulgaria, en los últimos años, unos 50.000 gitanos han abandonado el país para trabajar, muchas veces clandestinamente, en España, Italia, Alemania y Grecia.
Bucarest y Sofía han puesto en marcha mecanismos que facilitan la integración de la comunidad gitana en la sociedad, sobre todo en materia de educación y de salud pública. En Rumania, unos 650 mediadores escolares aseguran un vínculo entre la escuela y la comunidad y se formaron 500 profesores de lengua romaní. Pero tanto Bruselas como diversas ONG consideran insuficiente estas medidas y acusan a los gobiernos de los dos países balcánicos de «pasividad» y a la policía, de «racismo».
Olvidados
Dice un proverbio gitano que «cada uno tiene su lugar en la sombra». Este dicho refleja la realidad que viven los gitanos en diversos países de la antigua Europa comunista. Basta con viajar por ciudades y zonas rurales de Rumanía y Bulgaria, pero también de Eslovaquia, Hungría o Serbia para ver a niños gitanos desnutridos y sucios jugando en los estercoleros de campamentos de chabolas y chozas sin agua corriente ni electricidad ni servicios sanitarios.
En muchos países, la tasa de desempleo alcanza el 100% y gran parte de los niños no están escolarizados. «Son los olvidados de la transición» del «socialismo real» al capitalismo, dice Milan Scuka, parlamentario de origen gitano de Eslovaquia. Confinados en grandes guetos en la periferia de ciudades y pueblos, suelen ser muy a menudo objeto de agresiones de grupos neonazis, como en Chequia, o de partidos parlamentarios xenófobos, como Jobbik en Hungría.
La mortalidad infantil es muy elevada y la tuberculosis, une enfermedad extendida entre los menores, según Milan Scuka. En algunos países los niños gitanos son escolarizados en centros para disminuidos psíquicos, y en Hungría, según Bernath Gabor, responsable del Centro de Prensa Gitano (RSK) de Budapest, un gitano tiene 50 veces menos posibilidades de obtener un diploma que un húngaro que no pertenezca a esta etnia.
Peter Yovkov, miembro de la Cruz Roja de Bulgaria, explica que «los búlgaros y los gitanos viven juntos desde hace varios siglos, pero nunca se relacionan, y los que no son gitanos no se fían de ellos». Muchos gitanos búlgaros acaban siendo víctimas de redes mafiosas que los explotan para delinquir o mendigar.
La situación de los gitanos de Europa del Este es tan grave que en un país como Chequia cerca de un millar han pedido asilo político en Canadá, porque consideran que sus vidas corren peligro.
En Chequia, el 70% de los gitanos viven en la pobreza y la marginación, según la Liga Checa de los Derechos del Hombre (LIGA).
Hace año y medio, la organización gitana checa Roma Realia mandó una carta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en la que le explicaba la situación de su colectivo en el país centroeuropeo y le pedía ayuda. Václav Miko, presidente de esta organización, afirma que «nuestra situación no ha cambiado, todo va a peor y el racismo es cada vez mayor. Seguimos necesitando la ayuda de Obama y de la comunidad internacional». El rumano Mihai Neacsu recuerda que «la mitad de los gitanos fueron exterminados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y nadie se acuerda de nosotros». «Quizá se necesitaría un tribunal internacional que juzgue los crímenes del pasado y del presente contra los gitanos», plantea Neacsu.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios