Los 16 tripulantes del palangrero gallego se encontraban en buen estado y navegaban hacia Mombasa
El barco ha permanecido secuestrado casi cinco meses, el cautiverio más largo de un buque con gallegos a bordo
Un cautiverio de 140 días, siempre que se dé por buena la fecha del asalto que apuntó el armador, que sostiene que se llevaron su barco el 3 de marzo pasado cuando faenaba en aguas de Tanzania. El secuestro del palangrero Sakoba , que ayer llegó a su fin, ha sido el más largo de una embarcación frente a las costas de Somalia con gallegos a bordo, aunque en este caso solo había uno y de origen portugués.
Después de retenerlo durante casi cinco meses, los piratas somalíes dejaron ayer en libertad al pesquero con bandera de Kenia pero de armador gallego. Y lo hicieron supuestamente después de recibir un rescate por el buque y la tripulación, un botín que se situaría en el entorno de los tres millones de dólares (2,3 millones de euros). Esa es, al menos, la cantidad que apunta Andrew Mwangura, experto en piratería y responsable del Programa de Asistencia a Marineros de África del Este, que ayer confirmó a este periódico que los secuestradores habían dejado libre el Sakoba y que la embarcación navegaba rumbo al puerto de Mombasa.
Mwangura también aseveró que los 16 tripulantes del palangrero se encontraban en perfecto estado de salud, físicamente al menos. Y que en el interior del buque estaban todos, los 16, incluido el capitán, el gallego de origen portugués Manuel Ferreira Telles, y el jefe de máquinas, de nacionalidad polaca. En una maniobra que ya habían realizado en el secuestro del atunero Alakrana , ambos tripulantes habían sido separados a mediados del mes pasado del resto de los marineros, bajados del barco, y nadie, ni siquiera las organizaciones que siguen la evolución de los barcos secuestrados, había vuelto a saber de su paradero.
Todos en el barco
El capitán y el jefe de máquinas «están también dentro del barco, con los demás», trasladó Mwangura. Y los demás son diez marineros kenianos, dos senegaleses, un namibio y un caboverdiano, sobre cuya situación habían alertado tanto Mwangura como la organización Ecoterra, que hace unas semanas aseguraban que la tripulación del pesquero no tenía agua, no disponía de otra comida que no fuese pescado y que había agotado el combustible.
Mutismo
El cautiverio del Sakoba ha estado marcado por el silencio. Y no solo porque pronto se perdió el contacto con el barco, sino porque, a diferencia de otros casos, como el del Playa de Bakio o el del Alakrana , no hubo célula de crisis, ni ruedas de prensa, ni información al respecto. Y el mismo mutismo se repite a la hora de la liberación. De la Vega anunció el fin de la crisis del Playa de Bakio y Zapatero aireó el fin del secuestro del Alakrana , pero que Sakoba había recuperado la libertad fue anunciado a través de un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores, en el que, eso sí, se deja constancia de que el abandono por parte de los piratas se produjo «tras las intensas gestiones llevadas a cabo» por el citado departamento y «la Embajada de España en Nairobi», de nuevo Nicolás Martín Cinto. Exteriores fija en el 26 de febrero el inicio del cautiverio y afirma que el Gobierno «se congratula por la liberación del Sakoba », al tiempo que «felicita a los interesados, así como los familiares por el feliz desenlace del secuestro».
Tampoco ha trascendido nada del armador, el gallego José González González, al que, según personas allegadas, los piratas llegaron a reclamar siete millones de euros por liberar el barco y la tripulación. La empresa que tenía en el puerto de Vigo ha cerrado.
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