Activará la reforma migratoria una vez encauzada la de la sanidad, ante el temor de que los grupos étnicos que lo apoyaron castiguen a su partido en este año electoral
Ni en los cien primeros días, como prometió durante la campaña electoral, ni en el primer año de mandato, como aseguró cuando ya era presidente. Más de quince meses después de haber jurado su cargo, parece que Obama va a ocuparse de la situación de los inmigrantes. Según anunció el portavoz de la Casa Blanca, el presidente estadounidense se reunirá mañana con los senadores Chuck Sumer y Lindsey Graham, demócrata el primero y republicano, el segundo, que trabajan en la redacción de un proyecto bipartidista de reforma migratoria.
La decisión del presidente norteamericano parece influida por la presión que están ejerciendo los grupos que impulsan esa reforma. Estos grupos preparan una gran marcha sobre Washington para el próximo día 21 de marzo en la que esperan la presencia de 100.000 personas. Una gran manifestación que evoque a las que marcaron la lucha por los derechos de los negros.
Y no hay que olvidar que este es año electoral en Estados Unidos y la situación de los demócratas no les permite desperdiciar ni un solo voto posible o probable. En las últimas elecciones votaron unos diez millones de latinos, el grupo más interesado en la reforma migratoria, y un 80% de ellos lo hicieron por Obama. Pero esos votos podrían cambiar en noviembre si el presidente sigue sin ocuparse de la situación de los entre once y doce millones de personas que trabajan en EE.?UU. en situación ilegal.
El proyecto de los senadores Sumer y Graham contiene los mecanismos para legalizar a aquellos inmigrantes que ya residen en el país, pagan impuestos, hablan inglés y no tienen antecedentes penales. En un primer paso se les concedería un permiso temporal de residencia por cinco años. Tras ese período, podrían solicitar un permiso permanente que, en cinco años más, les permitiría solicitar la nacionalización.
Pero la aprobación de ese proyecto va a ser muy difícil y es que no solo los republicanos más conservadores están totalmente en contra de cualquier vía de legalización de inmigrantes sin visado, muchos demócratas tampoco lo aceptan. Se calcula que solo en la Cámara de Representantes hay al menos 10 o 12 demócratas conservadores que votarían no a un proyecto como el de Sumer y Graham. Así las cosas, algunos vaticinan que la reforma migratoria se va a convertir en un problema político similar al de la reforma de salud para Obama. Precisamente en su discurso semanal de ayer, el presidente volvió a referirse a la situación de la ley de reforma sanitaria. Obama afirmó que mientras los republicanos quieren empezar de nuevo todo el proceso, las compañías aseguradoras siguen subiendo los precios de las pólizas de forma arbitraria.
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