Estados Unidos llama a la comunidad internacional a unirse para que las presiones frenen al régimen iraní
El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, alimentó ayer la tensión y la confusión que envuelve el conflicto nuclear con Irán al anunciar que ha ordenado a los expertos de su país que inicien el proceso para el enriquecimiento de uranio al 20%. Ante un nutrido grupo de científicos y en un discurso emitido en directo por la televisión estatal, el mandatario precisó, no obstante, que la decisión no significa que el régimen iraní haya renunciado a la negociación con la comunidad internacional. «Estamos dispuesto a dialogar sobre el intercambio de combustible nuclear... Nosotros comenzamos [con el enriquecimiento] aunque el camino de la negociación sigue abierto», recalcó.
El anuncio fue acogido con decepción en Múnich, donde este mismo domingo se clausuró la Conferencia Internacional de Seguridad. «Lo siento como una amenaza y como un claro paso atrás en las negociaciones entre la comunidad internacional», aseguró su organizador, Wolfgang Ischinger.
Desde Roma, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, instó al resto de los países a unirse para frenar la «ambigua política» emprendida por el régimen de los ayatolás.
«Si la comunidad internacional permanece unida, todavía se está a tiempo para que las presiones sobre Irán y las sanciones tengan el efecto deseado», resaltó el responsable norteamericano en un mensaje que parecía tener un destinatario principal: China. Pekín, que compra casi un tercio del petróleo que consume a la república islámica, se muestra reticente a aumentar la presión sobre Irán pese a la insistencia de Washington y de otros Gobiernos de que el esfuerzo nuclear persa proyecta sombras.
Por su parte, la secretaria de Estado de EE.?UU., Hillary Clinton, aseguró que aunque la amenaza iraní es muy importante, «Al Qaida supone un peligro mayor». «Creemos que las mayores amenazas provienen de las redes transnacionales no afiliadas con un Estado», indicó la secretaria de Estado.
Estados Unidos, Israel, Francia, Alemania y el Reino Unido acusan al régimen de los ayatolás de ocultar, bajo su esfuerzo atómico civil, un proyecto de naturaleza clandestina y aplicaciones bélicas cuyo objetivo sería la adquisición de un arsenal nuclear, alegación que Irán rechaza.
El conflicto se agravó a finales del pasado año tras rechazar una propuesta de Washington, París y Moscú para enviar su uranio al 3,5 % al exterior y recuperarlo tiempo después enriquecido al 20%, en condiciones necesarias para mantener operativo su reactor nuclear civil en la capital. En un aparente cambio de dirección, Ahmadineyad dijo el pasado martes que su país no tiene problema para enviar el uranio al exterior. La declaración pareció surtir efecto en Pekín, que se apresuró a indicar que esas palabras mantenían abierta una puerta para la salida negociada. Washington volvió a exigir a Teherán que pusiera fin al juego y adoptara una postura diáfana.
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