Culpa al Gobierno de la situación en la que están los 36 tripulantes, pues cree que no tendría que haber anunciado el apresamiento de dos piratas. Ahora pide que los suelten para que se acabe su calvario
En el Alakrana ayer cogieron el teléfono. Lo levantó el patrón, que estaba en el puente de mando, un habitáculo de 90 metros cuadrados, en compañía de siete piratas armados hasta los dientes. A pesar de todo lo que están pasando, la voz de Blach no perdió su aplomo. Relató, eso sí, las penurias a los que les someten unos somalíes completamente drogados que ahora amenazan con matar a parte de la tripulación.
-¿Cómo están? ¿Están todos bien?
-Bien. Bueno, más o menos.
-¿Qué ha pasado?
-Pues pasó lo que tenía que pasar. Que los piratas quieren que liberen a esos dos que tienen detenidos en España y, una vez que vengan y se pague lo estipulado, nos liberarán. El Gobierno decía que no entraban en la negociación, pero sí entraban. Estuvo mintiendo, porque es eso precisamente lo que reclaman.
-¿Se han puesto violentos?
-Sí. Incluso han disparado. Hoy, [por ayer] nos llevaron a los 36 a cubierta, nos obligaron a tirarnos al suelo y empezaron a disparar granadas y ametralladoras. Algunos tiros, incluso, iban hacia el farol de proa, con lo que podría haber rebotado alguna bala y darnos. Hemos pasado miedo de verdad. Después nos han dejado llamar a los familiares, y finalmente han metido a tres en un bote y se los llevaron a tierra: iban llorando.
-¿A quiénes han llevado a tierra?
-No puedo decirlo, por respeto a las familias.
-¿Pero son gallegos?
-Españoles.
-¿Pero alguno gallego?
-Dos [Uno es Antonio Pérez, de Boiro, y otro, Joaquín Fernández, de Baiona]. Y uno vasco.
-¿El resto están todos en el barco?
-Sí. El capitán y yo estamos en el puente de mando. El resto, en la zona de abajo, en la primera cubierta. Los que peor estamos somos nosotros. Dormimos en el suelo, no nos sacan las metralletas de encima y cuando queremos ir al baño tenemos que pedir permiso. A veces no nos lo dan y nos meamos por nosotros mismos. Llegué a estar con el mismo pijama durante quince días y cuando me dejaron bajar a mi camarote y ducharme, me lo habían robado todo, hasta los calzoncillos. De día, estamos sentados en una silla y no nos dejan movernos, te hacen burla, y cuando ven que te estás quedando dormido, te ordenan mirar en el radar porque creen que es un barco y sin embargo es una nube de lluvia.
-¿Tienen víveres, agua...?
-Comida tenemos, de agua andamos mal, pero no queremos que se enteren, porque eso lo usarían como medida de presión. Para los 50 que somos en el barco no llega.
-¿Cuántos piratas hay?
-Varía. Ahora deben ser 25, y nosotros 36. Nunca hay menos de 19.
-¿Hablan con el armador?
-Cuando viene el negociador nos dejan hablar con el armador. Si no, no nos dejan coger el teléfono.
-Pero hoy sí.
-Sí, porque quieren que traslademos sus peticiones y que hagamos presión.
-¿Y cuáles son?
-Que liberen a sus dos compañeros. Si en 3 días no los liberan matarían a los tres que han bajado a tierra y se llevarían otros tres. Así hasta que los liberen.
-¿Será verdad?
-O no, pero de momento estamos acongojados. Me cuesta creerlo, porque hasta ahora no han matado a nadie. Bien es cierto también que nunca se dio el hecho de que se llevasen dos secuestradores a España. Esta negociación es muy difícil y diferente y, la verdad, estamos angustiados. No entiendo cómo teniendo a 36 personas secuestradas cogen a dos, y encima lo anuncian a bombo y platillo, como gallitos. Ni los piratas, que ni siquiera saben leer, se explican cómo el Gobierno ha podido hacer eso. Nos dicen que si no fuera por eso hace ya 20 días que estaríamos fuera, y aquí estamos. Sí, aquí estamos, maltratados, humillados y a patadas... Seguro que los dos piratas están durmiendo en colchón y yendo al servicio y nosotros durmiendo en el suelo y meando cuando nos dejan. Ahora llevo seis días sin ducharme, pero estuve 15.
-¿Cuánto han pedido por el rescate?
-Eso no lo sé. Pero sé que el capítulo económico está cerrado. Ya han aceptado. Ahora solo quieren que vuelvan esos dos.
-¿Ven pronto la liberación?
-La única salida es esa, que liberen a los dos somalíes para que nos suelten a nosotros. Toda la culpa la tiene el Gobierno. ¡A quién se le ocurre! El día que los apresaron yo estaba viendo toda la maniobra por el radar y rezaba para que lo tuvieran calladito. No me lo podía creer cuando al día siguiente llamé a casa y me dijeron que ya sabían lo del apresamiento.
-¿Tienen miedo?
-La situación es muy tensa y la tripulación está muy nerviosa. Estos tíos están colocados todo el día. No paran de masticar khat [una droga], algo parecido al laurel, han acabado con todo el whisky, el coñac y otras bebidas que teníamos nosotros a bordo y después se pelean entre ellos, a bofetada limpia, con las metralletas en la mano... Es un peligro. Lo que pedimos es que liberen a esos dos para poder salir nosotros.
-¿Y usted, como está?
-Miña filla, hoy muy mal. Vi hombres rotos. Como niños, llorando. Un desastre. Pero parece que el Gobierno no lo siente.
-¿Cómo los apresaron?
-Estábamos con la red en el agua y, claro, no podíamos movernos. Al amanecer, aparecieron dos botes con seis personas cada uno y otra persona se quedó en la nave nodriza. Nos pusieron boca abajo en cubierta y nos ordenaron que diésemos el barco avante. Yo intenté explicarles que la red pesaba 100 toneladas y que antes había que maniobrar con el panga (la embarcación auxiliar del atunero) para recogerla. Creyeron que me negaba a hacerlo y empezaron a patadas conmigo. Al final, comprendieron que había que meter la red. También me pidieron que les marcase un número de teléfono y yo no entendía uno de los que estaban escritos. Les pregunté qué número era y empezaron a patadas conmigo. A ver si podéis hacer algo.
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