Un año después de la liberación, los ex rehenes luchan por encajar en la sociedad
Un año después de la sorprendente operación Jaque que devolvió la libertad a once uniformados colombianos, tres contratistas norteamericanos y a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, los liberados están felices, aunque aseguran haberse enfrentado a muchas dificultades inesperadas. Ayer, los siete militares y cuatro policías que fueron rescatados el 2 de julio del 2008 de manos de las FARC, hicieron, acompañados por varios altos mandos del Ejército, el recorrido inverso al de hace un año: un helicóptero los trasladó desde San José del Guaviare a la selva que fue su cárcel, para revivir un año después su vuelta a la libertad.
La ex candidata presidencial prepara una publicación que saldrá pronto a la luz y que auguran que será un éxito de ventas. Ella vive alejada de Colombia y ha iniciado los trámites de su divorcio del publicista Juan Carlos Lecompte, con quien contrajo matrimonio en segundas nupcias en 1997, en la Polinesia.
Mientras durante este año Betancourt recorrió medio mundo dando las gracias, recogiendo premios y visitando dirigentes de muchos países, los otros rescatados, los invisibles, se esfuerzan tras 10 años de cautiverio por encajar en sus familias, aprender a manejar un móvil o Internet y enseñar en las escuelas del Ejército y de la policía lo que aprendieron en la guerrilla de las FARC.
Los tres estadounidenses -Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes- publicaron un libro con sus experiencias de los más de cinco años de cautiverio. En la obra Lejos del infierno , los tres contratistas del Pentágono relatan cómo Ingrid protestó cuando ellos llegaron al campamento y cómo los acusó de pertenecer a la CIA, lo que los puso en serio peligro.
Estudios de Medicina
«Hacía rato que no estudiaba, la adaptación no es fácil», dice William Pérez con la amabilidad que lo caracteriza. Hace un año se hizo famoso por haber salvado la vida a Ingrid Betancourt durante el cautiverio. Pero la secuestrada más famosa del mundo no fue a la única que el ahora sargento ayudó con sus conocimientos de enfermería, pues atendió hasta a sus captores.
Ingrid le insiste en que vaya a estudiar a Francia y nadie entiende por qué él se quiere quedar en Colombia. «Ya es bastante difícil la carrera como para estudiarla en un idioma que no hablo», se ríe William.
Ahora está tranquilo, pero recuerda que los primeros días ni siquiera sabía de qué hablar con su familia. «No hablábamos del secuestro, ni de la muerte de mi padre, no queríamos hacernos daño». Después de un ajetreado año, asegura que está adaptándose, aunque nunca va a dejar atrás los 10 años vividos en la selva: «He estado la tercera parte de mi vida secuestrado y allí aprendí a ser un hombre».
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