El ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, ha reconocido hoy que aún no han cumplido todos sus objetivos.
El ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, ha reconocido hoy que «aún no hemos cumplido todos los objetivos» al superar su ecuador la segunda semana de la ofensiva militar de Israel en la franja de Gaza. La declaración se añade a la cascada de manifestaciones que los líderes de Israel no paran de realizar desde el inicio del conflicto y en las que no aclaran cuales son «todos los objetivos» que persiguen en ese territorio palestino.
El Estado judío descartó desde el principio de la campaña bélica que pretenda ocupar de nuevo de manera permanente Gaza, de la que en 2005 se retiró y desmanteló sus asentamientos. Por lo que la ofensiva se limitaría a tratar de «cambiar la situación en el sur de Israel», «eliminar la amenaza de cohetes de Gaza» y «dar una lección a Hamás», según se desprende de la sucesión ininterrumpida de declaraciones de sus responsables. Pero ninguna de esas manifestaciones han dado respuesta a la pregunta de si Israel quiere desactivar militarmente a Hamás, o algo más; desalojar a los islamista del gobierno en la franja.
La primera posibilidad parece sólo una cuestión de tiempo por la aplastante maquinaria de guerra israelí -que habría reducido ya en un tercio el poder de fuego de las milicias palestinas-, pero la segunda entraña a medio y largo plazo un grave riesgo político.
Unicamente la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del presidente Mahmud Abas podría ocupar el vacío de poder que causaría en Gaza el desplome de las estructuras administrativas de Hamás. Moderada e interlocutora de Israel en las negociaciones para una paz duradera en Oriente Medio, la ANP ha mostrado su disposición a retomar el control de Gaza, de donde las fuerzas leales a Abás fueron expulsadas en 2007 por los milicianos islamistas.
El restablecimiento de su autoridad en la franja permitiría a Abás afrontar en mejores condiciones las elecciones palestinas previstas para este año y que su movimiento nacionalista Al Fatah confía en ganar tras el triunfo de Hamás en las de hace tres años.
La capacidad de las fuerzas de la ANP para asegurar el orden público en una eventual Gaza post-Hamás constituye, no obstante, un verdadero enigma, aunque hayan sido largamente instruidas y entrenadas por oficiales estadounidenses y británicos. Entre otros cometidos, esas fuerzas deberían garantizar que las milicias del movimiento islamista, y de grupos afines, no reanudasen el lanzamiento de cohetes contra el sur de Israel. Se trataría de una misión parecida a la que realiza el contingente de la ONU desplegado en la región meridional de El Libano desde el fin de la guerra que en 2006 enfrentó al Estado judío y el movimiento chií libanés Hizbulá.
Israel logró tras aquel conflicto que la milicia chií libanesa dejara de lanzar proyectiles contra Israel aunque no acabar con el control que Hizbulá todavía ejerce en el sur de El Líbano.
Hamás no es, sin embargo, lo mismo que Hizbulá. El movimiento islamista palestino no dispone del poderío militar de la milicia chií libanesa, y lo que es más importante; Hamás tiene a sus espaldas el moderado Egipto, que tiene una relación fluida con Israel, mientras que Hizbula cuenta en su retaguardia con la radical Siria, que no reconoce al Estado judío.
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