La huelga tuvo especial incidencia en el transporte, los servicios públicos, la enseñanza y las finanzas
Grupos de violentos, desgajados de las manifestaciones, se enfrentaron a la policía en Atenas y Tesalónica
De nada le valieron al primer ministro griego, Kostas Karamanlis, las implorantes llamadas que hizo para desconvocar la huelga. Grecia decidió ayer hacer suyo el llamamiento de los sindicatos y permaneció prácticamente paralizada, agudizando de este modo la crisis de confianza que socava el suelo bajo los pies del Gobierno conservador. Además, volvieron los enfrentamientos violentos entre grupos radicales y la policía. Las principales calles de la capital ateniense se convirtieron en un escenario de guerrilla urbana por quinto día consecutivo.
La huelga general, convocada con anterioridad a los estallidos de violencia para protestar contra aspectos de la política económica del Gobierno, como la reforma de las pensiones, logró su objetivo. Fue secundada por unos dos millones de personas, según los portavoces sindicales. Obra suya fue la cancelación de todos los vuelos en el aeropuerto internacional de Atenas. Mantuvo atracados a los barcos en puerto y paró el transporte urbano de la capital, el metro y el tranvía. Por otra parte, los bancos, los colegios y los ministerios permanecieron cerrados y los hospitales funcionaron con los servicios mínimos. Los canales públicos de la televisión suspendieron su programación habitual y emitieron espacios de dibujos animados. Los hoteles y los taxis trabajaron con normalidad, pero en el centro de la capital la mayoría del comercio no abrió. Un buen número de propietarios aprovecharon la jornada para asegurar sus establecimientos con chapa y para volver a instalar los escaparates.
Llamados por los sindicatos, varios miles de personas se congregaron en el centro de Atenas, en una protesta en la que, pese a los llamamientos a la calma de las centrales, estallaron incidentes entre policías y manifestantes, tras segregarse del cuerpo principal de la marcha un grupo de varios cientos de activistas. Lo mismo sucedió en otra marcha llevada a cabo en Tesalónica, donde se registraron enfrentamientos entre policías y varias decenas de los cerca de 2.000 participantes.
En la capital, los manifestantes se concentraron en la céntrica plaza Syntagma, donde se encuentra el Parlamento griego, enarbolando pancartas que pedían destituir al primer ministro y que denunciaban a un «Estado de asesinos». Varias decenas de participantes en el acto lanzaron piedras y botellas incendiarias contra los policías antidisturbios, que respondieron disparando gases lacrimógenos.
Por la noche, grupos de activistas volvieron a hacerse presentes en las calles lanzando artefactos incendiarios y colocando barricadas que posteriormente hacían arder.
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