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REPORTAJE Villa Ahumada, una ciudad de México desierta que aterra hasta a la policía

Tiroteos entre narcos dejan vacío este pueblo de 30.000 habitantes tras la renuncia de policías, la huida de políticos y el parapeto de los militares enviados por el Estado

Autor:
Begoña Cabado | Servicio especial
Fecha de publicación:

La localidad mexicana de Villa Ahumada se quedó desierta. Los miembros de la policía municipal, el alcalde y su secretario de gobierno abandonaron el pueblo el pasado domingo. La versión oficial dice que para reorganizarse. La extraoficial, que salieron huyendo. Solo dos presos acusados de robo quedaban en el penal como testigos de la desbandada. Completamente solos. En la puerta de la comandancia, un letrero escrito sobre una hoja de papel lo resume todo: «En la presidencia traen las llaves».

Unas horas antes sonaban rancheras en el baile del auditorio municipal. Eran las 22.30, hora local de Chihuahua. La música se quebró con el primer disparo de calibre 38. Los sicarios irrumpieron en el baile en busca de rivales. Se les enfrentaron tres policías municipales. Murieron los tres.

Los escasos 30.000 habitantes de esta ciudad fronteriza, situada a 130 kilómetros al sur de Ciudad Juárez, se atrincheraron en sus casas. No era para menos. Dos grupos supuestamente dedicados al narcotráfico se enfrentaban en las calles durante lo que fueron las seis horas más largas y más sangrientas en la historia de Villa Ahumada. Se oían gritos y balas. Muchos marcaron al 060, pero no había nadie al otro lado. Mientras, fuera, un ejército de 40 sicarios encapuchados y vestidos de negro recorría el pueblo en siete camionetas blindadas, disparando a todo lo que se movía. Murieron tres civiles más.

Pasada la medianoche, entraron a los bares y revisaron las identificaciones de los clientes. Se llevaron secuestrados a tres, además del dinero de las cajas, comida de los supermercados, toda la gasolina que pudieron y las armas de la comisaría.

Atrincherados en casa

Como siempre, después de la tempestad llegó la calma. Y con ella, la renuncia de los doce policías que sobrevivieron al fuego cruzado. Las calles lucieron fantasmas. Sin policía civil ni militar. Con la gente atrincherada en sus casas. Sin nadie que abriera los quioscos o le fuera a dar de comer a los presos.

El silencio dio paso al murmullo, y los rumores empezaron a colarse en las casas: los narcos volverían y correría por el pueblo un baño de sangre, tal vez, en el entierro de los policías asesinados.

Y es que aquí nunca fue fácil ser policía. Porque polis y narcos salieron del mismo lado. Compartieron pupitre en la primaria y novia en la secundaria. Son vecinos, cuñados, concuñados o compadres. O todo a la vez. Y todos saben dónde vive uno y con quién duerme el otro, y que ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos. Así que, mientras surge otra generación de policías en Villa Ahumada, la seguridad ha quedado en manos de los cien militares que se trasladaron al pueblo y que, por el momento, permanecen atrincherados; igual que la población civil.

Tiros delante de la escuela

Los narcos no regresaron al pueblo. Pero el efecto dominó de la venganza no tardó en llegar, y los ajustes se prolongaron toda la semana. El saldo: ocho muertos en un enfrentamiento entre sicarios en Durango, un hombre ejecutado en Guerrero de dos tiros en la cabeza, un joven de 17 años y su rival de 36 muertos en una pista de aterrizaje, y un tiroteo a la puerta de la escuela Agustín Melgar, en Ciudad Juárez, a plena luz del día, justo a la hora en la que los niños salían de clase, deja otro cadáver sobre la acera.

Siguen sonando las rancheras, como en el baile del auditorio municipal. Y la voz del mítico José Alfredo Jiménez vuelve cada día a las primeras planas de los periódicos para decirnos, entre líneas: «No vale nada la vida, la vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así llorando se acaba».

Y los ajustes de cuentas cobran categoría de rutina, mientras los quioscos de comida de Villa Ahumada -tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos- siguen cerrados.

 

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Villa Ahumada, una ciudad de México desierta que aterra hasta a la policía
Las calles de Villa Ahumada, vacías por el terror colectivo tras los tiroteos del pasado fin de semana
Autor de la imagen: | AGENCIA REFORMA
 
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