La secretaria de Estado de EE. UU., Condoleezza Rice, no obtuvo ayer compromisos concretos en su intento por convencer a los Estados árabes dirigidos por regímenes suníes de que apoyen al Gobierno iraquí de mayoría chií.
Tras un encuentro en Bahréin con representantes de ocho países árabes y de Irak, Rice explicó que las conversaciones se habían centrado en el aligeramiento de la deuda iraquí y la apertura de embajadas árabes en Bagdad. Pero no anunció progresos en estos dos ámbitos que Washington considera cruciales para la estabilización de Irak, pues parece convencido de que una mayor movilización árabe en el país del Golfo contrarrestaría la influencia de Irán.
«Creo que es un proceso que va a avanzar», declaró Rice tras reunirse con sus homólogos árabes un día después de haber visitado Bagdad. Hoy, Rice participa en Kuwait con el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, en una conferencia de los países vecinos de Irak y las grandes potencias.
Las milicias chiíes vinculadas con Irán ya son la principal amenaza para los habitantes de Bagdad, afirmó ayer el jefe del Ejército de EE.?UU. en la capital iraquí, el coronel Allen Batschelet. «Los comandos especiales apoyados por Irán son la causa principal del sufrimiento de la población», y no los terroristas suníes de Al Qaida, dijo el alto mando.
Al mismo tiempo, subrayó que las tropas estadounidenses persiguen a extremistas y criminales, pero no a los miembros de «determinada agrupación política» en alusión a las milicias de Moqtada al Sadr.
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