Venezuela amenaza con nacionalizar empresas colombianas y vender aquellas que tiene en ese país
Para el Gobierno de Uribe, el fin de la crisis pasa por romper la alianza del presidente bolivariano con la guerrilla
El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, se solidarizó ayer con sus homólogos ecuatoriano, Rafael Correa, y venezolano, Hugo Chávez, y rompió relaciones con Colombia por la incursión militar de este país en territorio de Ecuador.
El líder sandinista anunció en rueda de prensa con Correa, en gira por la región para recabar apoyos, que la ruptura de relaciones «significa retirar la misión diplomática nicaragüense y que tendrá que retirarse la de Colombia en Managua». Asimismo dijo que esa decisión responde a las reiteradas amenazas de Bogotá a los espacios marítimos que ambos países se disputan en el mar Caribe.
Horas antes, Correa y Chávez pidieron una condena «contundente» contra Colombia por haber «violado la soberanía» ecuatoriana en un ataque militar contra las FARC, aunque admitieron que el acuerdo alcanzado en la Organización de Estados Americanos (OEA) es un primer paso para aliviar la crisis regional.
Desde Caracas, Correa advirtió que si no obtiene «una condena contundente» a la agresión de Colombia, su país buscará satisfacción por sus propios medios. Su Gobierno, dijo, «no va a quedarse tranquilo» hasta que la comunidad internacional «condene» la violación de soberanía. «El problema no está resuelto y tendremos que trabajar mucho para solucionarlo», admitió ayer el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.
Chávez respaldó a Correa y retó a Uribe a que lo acuse ante el Tribunal Penal Internacional, como anunció. Añadió que está dispuesto a «autoacusarse» para que ambos sean juzgados. «Y veremos a quién se condena», dijo. El presidente venezolano amenazó además con nacionalizar empresas colombianas, y advirtió que caerá de forma importante el comercio bilateral. Asimismo, expresó su intención de vender empresas de capital venezolano en Colombia.
El Gobierno colombiano expresó su preocupación por esas amenazas y aseguró que espera que se indemnice a los afectados.
La crisis diplomática se desarrolla en medio de acusaciones a Chávez y Correa de vínculos con la guerrilla, lo que el vicepresidente colombiano, Francisco Santos, calificó de «bomba a punto de estallar». En su opinión, la solución a la crisis pasa por romper esa «alianza».
El presidente Uribe, más conciliador, aseguró que se compromete «a no repetir» una operación como la que costó la vida a Raúl Reyes, pero exigió también que no agredan a su país ni «se dé albergue a los terroristas». El Gobierno brasileño aseguró que en su territorio no hay campamentos y que si fueran detectados serían reprimidos. Respondía así a Correa, quien sugirió que podía haberlos.
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