• Antonio Carmona: «La música siempre te compensa en la vida»

    No se imagina su vida sin una guitarra. Tras seis años de silencio, acaba de sacar Obras son amores, que sonará en Santiago el 27 de mayo

    MONTSE GARCÍA

    Acabó Mencanta, primer single de su tercer disco en solitario, el mismo día que fallecía su padre, Juan Habichuela. «Paré toda mi vida por su enfermedad, lo mejor que pude hacer por él y por mí», explica Antonio Carmona (Granada, 1965), que durante más de dos décadas formó parte de Ketama fusionando el flamenco con otros estilos y, después, ha seguido en solitario. En Obras son amores quiso recuperar «ese sabor mío, con el aroma de mi tierra, porque al estar varios años en Los Ángeles pierdes un poco la esencia». Este músico, que compartió escenario con los grandes del flamenco, pero también con Frank Sinatra, entre otros, desprende amabilidad y la misma ilusión que alguien que empieza. El sábado 27 de mayo mostrará este nuevo trabajo en las Festas da Ascensión de Santiago.

     -Seis años de silencio y regresa situando el disco entre los más vendidos. ¿Aguardaba esta respuesta?

    -Para nada, ha sido una sorpresa inesperada. Uno va haciendo su trabajito paso a paso y, de repente, te vienen estos regalos de la vida.

    -Esta vez también se encarga de la producción, además de voz, composición, percusión...

    -Siempre me involucro mucho, ya lo hacía con Ketama, desde el primer clic hasta la masterización. Me gusta todo el proceso: composición, estudio, montaje del show y, luego, los propios shows. Ahora, hay que ser un poco multiusos. Siempre lo he sido, empecé como percusionista y acabé de cantante, pero ahora hay que hacer muchas cosas a la vez. La música lo merece y hay que ganarle el tirón a este momento que está viviendo.

     -Entonces, ¿cuando empezó no era necesario ser tan multiusos?

    -Cuando empecé éramos más salvajes. Los discos se hacían en dos tardes y ahora he tardado casi seis años. Una tardanza por la enfermedad muy larga de mi padre, pero también me dediqué a otras cosas, como músicas para obras de teatro, componer para otros artistas, duetos...

     -En el disco recuerda a su padre Juan Habichuela, a su sobrino fallecido, a Ray Heredia, a su madre...

    -Sí, lo que hago es filtrar esos recuerdos a través de mi guitarra, de mis cajones, de mi manera de componer tan especial. Cuando digo especial, lo digo por armonías e influencias, porque mi estilo no parece ni flamenco ni pop. Es un sello muy personal, más allá de que guste o no. Después, me gusta recordar a la gente que se ha ido con mucha música, no me gusta llorarlos. A mi padre le hice una rumba alegre y lo despido con toda la energía que ha dejado en mí; a mi sobrino -que se fue con 23 años-, igual. Plasmo esos recuerdos en los discos por si luego no nos acordamos. Después, la gente es la que le da la vida y te cuenta sus historias: también tuve a mi padre con alzhéimer, tuve una persona que tuvo cáncer...

    -Pese a ello, en el disco no se puede decir que domine la tristeza.

    -Es un disco para oír y recapacitar. Siempre intento dejar un mensaje.

    -En este trabajo colaboran Alejando Sanz, Juanes, Fernando Osorio... ¿Cómo se conjuga esa diversidad?

    -Es muy fácil, como cuando vas a una cena de amigos. ¿Nosotros cómo la terminamos? Pues tocando, que es lo que sabemos hacer. Paso tantas horas en el estudio que me da miedo y digo: ‘Me voy a quedar sin amigos’. Después, veo que todos -Juanes, Alejandro...-, son iguales. Además de muy amigos, tienen un pulso parecido al mío, ya que componen a guitarra.

    -También están sus compañeros en Ketama, Juan y Josemi. ¿Ha despertado el gusanillo de volver a reunirse?

    --No lo sé. La inquietud musical que tenemos ahora cada uno es diferente, aunque siempre se deja la puerta abierta a un grupo tan emblemático como fue Ketama.

    -Su padre fue referente del flamenco, pero con Ketama y ahora en solitario, usted apuesta por su fusión con otros estilos. ¿Qué le decía?

    -Se reía mucho, no con guasa. Le hacía mucha gracia cuando yo agitaba la mano ante 12.000 personas y estas también lo hacían. «Eres capaz de que 12.000 personas hagan lo mismo», me decía. Era una manera diferente de expresar. Él me vio tocar con Paco de Lucía, con Morente, con Camarón, pasar por toda la base flamenca antes de hacer esa fusión más internacional, más de masa. Sabía que yo conocía el flamenco, pero mi inquietud me hizo hacer una mezcla de sonidos de otras raíces, con las cuales me ha ido muy bien. Siempre respetó mucho la música que yo hacía.

    -Y ante las críticas de los puristas, ¿le defendía?

    -Él tuvo críticas de los puristas, porque fue un transgresor a la hora de acompañar el cante. También Enrique Morente, Paco de Lucía... Entonces, imagínate nosotros que metíamos batería, bajo, guitarras eléctricas... Nos decían de todo, éramos herejes del flamenco, pero terminaron haciendo libros sobre nosotros y se dieron cuenta de que no hicimos tan mal flamenco, sino que acercamos nuestra cultura que tiene tantos siglos a un público joven.

    -Habla de hacer internacional el flamenco. ¿Lo ha conseguido ya?

    -Ahora hay menos sonido internacional de flamenco. Nosotros éramos más de world music, pero todavía falta esa producción o ver algo que suene a flamenco y que salga en una radio después de Beyoncé. Todavía queda un hueco que no sé quién lo va a cubrir. Yo me considero world music.

     -En «Camamasi» dice: «He cruzado por ti todos los mares». ¿Por qué los cruzaría Antonio Carmona?

    -Por la justicia y por la igualdad.

    -Abuelo y padre artistas y, ahora, sus hijas.

    -Sí, lo llevan en el ADN, no se pueden escapar del «habichuelismo». Pensaba que iban a salir de otra profesión, pero no se puede.

    -¿Les da muchos consejos?

    -Que tengan naturalidad, que sean constantes, que nadie les robe la alegría de ser músicos, porque es una profesión que tiene momentos altos y bajos, pero la música siempre te compensa en la vida. Por mucho que lo pasemos bien o mal, siempre está tu guitarra y componer.

    -¿Se los dio su padre a usted?

    -Más que consejos, eran vivencias. De pequeño me iba con él a los festivales de flamenco. Él tocaba con las máximas figuras y luego con los aficionados del pueblo. Eso es un mensaje, porque nadie quería hacerlo.

    -¿Le quedan sueños por cumplir?

    -Me hace ilusión que mis hijas sean músicas, verlas en un escenario disfrutar, además de yo poder tocar mi guitarra y expresar mis sentimientos, que nunca se me vaya esa inspiración. Yo soy feliz así. La ilusión mas grande es seguir tocando.

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