• Lo que no te puedes perder de O Salnés

    Una comarca para andar y una comarca para disfrutar del buen comer y el buen beber. La Variante Espiritual y la Ruta del Padre Sarmiento transitan entre los viñedos y la orilla del mar, descubriendo al viajero un mundo de sensaciones y de sabores

    Bea Costa

    Si el Padre Sarmiento eligió el camino de la costa para llegar a la tumba del Apóstol, allá por el año 1745, por algo sería. Obviamente, su periplo por la orilla sur de la ría de Arousa, que recoge en su libro Viaje a Galicia, nada tiene que ver con las motivaciones que empujan hoy a quienes eligen este itinerario para acercarse a Santiago de Compostela, pero -quién lo iba a imaginar-, su idea acabó creando escuela. La Mancomunidade do Salnés ha sabido aprovechar las oportunidades que ofrece esta ruta para poner a los pies del viajero una paleta de sensaciones que alimentan la vista y el paladar. Hay mucho que andar: 190 kilómetros desde Pontevedra a Santiago, que la mancomunidad recomienda realizar en nueve etapas, a razón de cinco horas al día. Esta hoja de ruta permite hacer paradas entre repecho y repecho para tomar aliento y atrapar cada una de las experiencias enoturísticas que ofrecen estas tierras.

    Sea la Ruta del Padre Sarmiento, sea la Variante Espiritual del Camino Portugués, las entrañas de esta comarca ofrecen una rica despensa que suministra a sus afamados restaurantes, a sus prestigiosas lonjas y a sus exclusivas bodegas. Todo aquel que decida seguir los pasos del Padre Sarmiento deberá añadir al Google Maps una lista de establecimientos indispensables para disfrutar del mejor muestrario gastronómico de Galicia. La ruta arranca con un plato fuerte en Poio, donde Casa Solla abre boca con una amplia carta de mariscos y de pescados elaborados con la maestría que acredita su Estrella Michelin. En las siguientes etapas por Sanxenxo y O Grove, el caminante no debería dejar escapar la ocasión de ver en vivo esas exquisiteces con concha y con escamas que los mariscadores y marineros extraen a diario de las ricas rías de Pontevedra y de Arousa. Asistir a una subasta en la rula grovense resulta todo un espectáculo, tanto que se llegaron a organizar visitas turísticas para que los meseteños pudieran ver de cerca los arácnidos centollos, los prehistóricos percebes y las almejas que se extraen de los fondos arenosos próximos a la isla de A Toxa.

     

    Las bodegas

    Dejando atrás la a veces apacible y a veces salvaje playa de A Lanzada, el terreno se suaviza. La cuarta y quinta etapa transcurren por el valle que riega el río Umia, tierra domada por la vid, no en vano O Salnés es la principal zona de producción de la denominación de orixe Rías Baixas. Y el epicentro de este universo con color y sabor de albariño es Cambados, que este año 2017 ejerce de Ciudad Europea del Vino, lo cual alienta y obliga a esta población de algo más de trece mil habitantes a mostrarse en todo su esplendor. En las bodegas tiene a sus mejores aliados. Allí nacieron hace un cuarto de siglo -no podía ser de otro modo- las primeras y principales cooperativas de albariño bajo el sello de Condes de Albarei y de Martín Códax. Ambas son un ejemplo, no solo a la hora de situar sus vinos en los mercados nacional e internacional; también han sabido dar el salto y convertirse en referentes del enoturismo, abriendo sus espectaculares instalaciones al público para descubrirle el privilegio de beber un Martín Códax viendo una puesta de sol sobre la ría de Arousa, con música en directo, o el encanto de catar la solera de los caldos que se cultivan al pie del suntuoso pazo de Baión (Vilanova). El vino es, además de una industria en sí misma, un recurso turístico por el que esta comarca está apostando cada vez más en busca de la ansiada desestacionalización y de un perfil de visitante que demanda destinos de calidad, en los que el buen comer y beber juegan un papel fundamental.

     

    Vanguardia y tradición

    El itinerario marcado por el Padre Sarmiento obliga a volver a la costa, a Cambados, donde, además de sus vinos, tiene fama, por supuesto, su mesa. El laureado Grupo Nove encuentra en esta comarca notables exponentes de la alta cocina -Yayo Daporta, Javier Olleros y Antonio Botana-, que suman su oferta a la cocina más tradicional como la que llevan ofreciendo desde hace décadas Casa Rosita y el Restaurante Ribadomar. Llegados a este punto, urge volver a emprender camino en busca del olor a salitre. El fraile tuvo que recurrir a una barca para alcanzar su meta pero no dejó de acercarse hasta a A Illa de Arousa, entonces una remota comunidad que, pasado el tiempo, además del puente que la une al continente, consiguió erigirse en concello propio y supo situarse entre los principales puertos de descarga de mejillón.

    El oro negro de las rías es una fuente de riqueza enorme que actúa de embajadora de los sabores del mar de Galicia en toda España. Requería un homenaje, y lo recibe cada verano por partida doble en forma de fiesta tanto en A Illa como en la vecina Vilanova, citas en las que el producto es el rey y a las que acuden miles de personas al reclamo de la calidad del producto y los precios populares. Impensable que el Padre Sarmiento llegase a imaginar hace dos siglos y medio la profusión de fiestas gastronómicas que iban a inspirar estas tierras: la del Marisco en O Grove, el Albariño y la Vieira en Cambados, la Ameixa de Carril..., por haber, hasta hay fiestas dedicadas a la cerveza, al pan y a la carne de potro. Y si falta el pretexto culinario, que casi nunca falta, se recurre al agua, como hacen cada agosto en Vilagarcía, o en Catoira la lían con los barbaros del norte. En la Romaría Vikinga, blanco poco. Allí corre el tinto como el que saciaba la sed de los coetáneos del Padre Sarmiento. A orillas del Ulla, la piedra y la espiritualidad de Santiago quedan a un tiro de piedra. Para entonces, los caminos de O Salnés han colmado ya los sentidos del viajero.

     

     

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