• La cúpula del Popular recibe propuestas para su compra, pero evita tomar una decisión

    La plantilla del Pastor, más de un millar de trabajadores, de nuevo en vilo al desconocer su futuro

    ana balseiro/ r. santamarta madrid, redacción / la voz.

    El consejo de administración del Banco Popular celebró ayer su primera reunión tras arrancar el proceso de potencial venta del banco. Aunque el martes se cerró el plazo para que las entidades presentaran formalmente sus muestras de interés, incluyendo una oferta no vinculante, la cúpula del Popular no tomó ayer ninguna decisión al respecto, según confirmaron fuentes de la entidad, dado que el proceso está aún en una fase muy preliminar, «de tanteo previo».

    Las mismas fuentes indicaron que lo que sí ha dado comienzo esta semana es el data room (proceso por el que los interesados pueden acceder a información sensible del negocio del banco) para presentar, en caso de que finalmente quieran hacerse con la entidad, un plan de opa. La fecha límite para tomar una decisión sobre la venta del Popular es el 10 de junio, ya que el objetivo es acelerar el proceso al máximo. Antes de mes se quiere tener una decisión tomada.

    Hasta el momento, y aunque no ha habido confirmaciones oficiales, Santander y Bankia son las entidades que han manifestado formalmente su interés y que están inmersas en el trabajo de bucear en las tripas del banco de preside Emilio Saracho. El BBVA, por su parte, que partía como favorito en una potencial compra, ya que el diciembre pasado hizo una oferta, parece habérselo repensado. Según varias fuentes, no hay acudido al primer sondeo de interés, sin que ello signifique que no se reenganche en el futuro.

    Fuentes financieras dan cada vez como más probable que será Bankia quien acabe adquiriendo el Popular, especialmente después de que el ministro de Economía, Luis de Guindos, dijera que la entidad semipública estaba mirando con interés las cuentas. 

    Preocupación ante la opacidad

    Mientras, la plantilla del banco sigue con notable inquietud los acontecimientos en el banco. La plantilla gallega, conformada por un millar de empleados, recibe estos días muchas consultas en las oficinas, confirman diferentes trabajadores consultados. Aunque el Pastor está conteniendo la salida de depósitos -según los datos de la patronal bancaria-, hay muchas preguntas sobre el futuro del banco «y no podemos dar una respuesta concluyente», lamentaba ayer un directivo medio. Además de miles de depositantes y clientes con créditos, hay también muchos pequeños accionistas que han visto cómo sus acciones se han ido devaluando.

    Representantes sindicales en Galicia censuraban ayer la «opacidad» del banco sobre su futuro. Desde la CIG y UGT, Rosa Conde y Javier Castro respectivamente, advirtieron de que el modo en el que la entidad está manejando la información incrementa la «preocupación y el nerviosismo». La muy probable venta supondría un segundo palo a la plantilla en Galicia, tras la venta del Pastor en el 2011 al Popular, que supuso el traslado de todos los servicios centrales y un severo ERE. Antes de aquella operación entre Popular y Pastor sumaban unos 2.800 empleados; hoy queda ese millar.

    Las duplicidades con dos potenciales compradores -Santander y BBVA- son muy elevadas, hasta un centenar de concellos. Solo la opción de Bankia, explicaban los sindicatos, sería la opción «menos dolorosa a nivel de empleo» por la baja presencia de este grupo.

    Un alto ejecutivo del sector destacaba ayer el «enorme valor» de la franquicia, subrayando que tendría sinergias «relevantes» con cualquier entidad que la compre. Sin embargo, para el mismo ejecutivo, el contrapunto a lo anterior lo ponen dos capítulos que le restan valor al banco: el lastre inmobiliario y las contingencias legales, sobre todo a raíz de la última ampliación de capital, por 2.500 millones de euros. 

    La cita de ayer

    En cualquier caso, en su reunión de ayer el consejo, aunque sí conoció las ofertas recibidas sobre el banco, no tomó decisión alguna al respecto. De hecho, tal extremo no formaba parte del orden del día, al haberse convocado la reunión antes de arrancar el proceso. Lo que sí hizo la cúpula de la entidad fue aprobar nombramientos de nuevos consejeros. Desde ayer el abogado Joaquín Hervada Yáñez, procedente del despacho internacional Freshfields, sustituye al histórico Francisco Aparicio Valls como consejero y secretario del consejo de administración. Además de su incorporación también se acordó el nombramiento de José Andrés Barreiro Hernández como consejero independiente y su incorporación a la comisión de retribuciones. Barreiro ha desarrollado casi toda su carrera profesional en el BBVA, y se tanteó como consejero para Pescanova.

    Ron reaparece tres meses después de su salida del banco

    Casi tres meses exactos de su salida del Popular (el 20 de febrero), el expresidente del banco Ángel Ron reapareció ayer en público. Lo hizo con una intervención en el foro internacional de inversores organizado por Weston Hill, en el que se analizaron las posibilidades de inversión en España. Ron advirtió de los riesgos que para Europa suponen, por ejemplo, el crecimiento del populismo y la relevancia creciente de los países emergentes. «La UE necesita un cambio para ir a más unión», apuntó. Sobre el Popular guardó el más completo silencio.

    De Guindos asegura que el Gobierno «no tiene ninguna previsión de inyectar recursos públicos»

    «Por supuesto que el Gobierno no tiene ninguna previsión de inyectar recursos públicos». Así de tajante se mostró ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, al referirse a la situación del Popular, durante su intervención en un almuerzo organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección, después de que dos días antes avanzara que la nacionalizada Bankia tenía un «interés potencial» en hacerse con la entidad que preside Emilio Saracho, algo que, de producirse, requeriría el visto bueno de Bruselas.

    Además de negar taxativamente la probabilidad de que el Popular pudiera ser rescatado, De Guindos también descartó la posibilidad de trasladar sus activos inmobiliarios tóxicos a la Sareb (el banco malo) con el objetivo de sanearlo y aumentar su atractivo de cara a posibles compradores.

    En lo que sí insistió fue en los mensajes de tranquilidad que el Ejecutivo envía en los últimos días a inversores y clientes respecto a la solvencia de la entidad. Explicó que desde el Banco de España le comunicaban «continuamente» que el Popular supera los niveles mínimos de capital regulatorio. «El banco tiene una parte de negocio tradicional muy buena», destacó el ministro, recordando que en su momento superó los test de estrés, que se hicieron bajo escenarios «terroríficos» para ver cuánto podían aguantar las entidades con un nivel de capital por encima de los mínimos. «Y la verdad es que el Popular pasó el examen», dijo, pese a que admitió que su exposición inmobiliaria «es superior a la media».

    Pero también puso en valor que cuenta con un nuevo equipo de gestión que está explorando distintas alternativas de futuro (la venta o una cada vez más improbable ampliación de capital).

    Sin embargo, los mercados siguen sin confiar en el Popular, que ayer encadenó una sesión más de caída. Sus títulos cerraron en 0,65 euros, tras perder el 2,1 %, que en lo que va de semana se traduce en un desplome acumulado del 13 %. Tampoco convence demasiado en el parqué que Bankia sea su potencial comprador, ya que la acción cayó un 2,46 %. Santander -el otro pretendiente- también cerró en rojo, con un desplome del 3,69 %.

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