Que el uso de las torres de Arneiro fue letal para las vidas humanas no hay nadie que lo pueda discutir, pero tampoco hay que echar tierra sobre un patrimonio industrial y militar que da fe de una época y de un sistema de telecomunicaciones y de ingeniería avanzado. Que un ciclón las tirase en una noche no debe de servir de excusa para que se olviden. El problema no fueron las torres, sino su uso.
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