| Roland Voyer, anticuario instalado en la Rúa Nova
«Es la anarquía total» dice el anticuario Roland Voyer al referirse al rastro que se instala cada domingo en la plaza de A Soidade, «pero no es complicado regularlo». Según este profesional, la clave está en la «ética» de quien vende o quien compra determinados artículos, y en una serie de decisiones políticas que, insiste, no conllevan complicación ninguna: fijar un precio «aunque sea simbólico» para vender; pedir el carné de identidad o algún otro documento legal y exigir que los puestos cumplan unas normas de estética y presentación. «Ahora se da una imagen tercermundista» critica.
Algunas de estas normas o requisitos ya se exigían en los años noventa, destaca Voyer, cuando él y otros profesionales o particulares se instalaban en A Soidade. «Yo fui el primero en cubrir con una tela bonita la mesa sobre la que colocaba las cosas, para darle otro aspecto» comenta criticando la imagen que se da ahora en pleno casco histórico, cuando muchas de las mercancías a la venta se amontonan en el suelo.
El ejemplo de Francia
El anticuario de la Rúa Nova insiste en que no es difícil regular el funcionamiento de un mercadillo, y pone como ejemplo Francia. Allí, subraya, hay un folleto en el que se especifica qué rastros o mercadillos va a haber en todo el país y qué se va a vender. Por este motivo, considera que no es necesario prohibir el rastro, aunque sí «revalorizarlo».
Para ello, otra de las cuestiones que hay que tener en cuenta es la diferencia entre un rastro y una feria de antigüedades o coleccionismo. Mientras que en el primero todo el que quiera puede vender juguetes, artículos de segunda mano «de mejor o peor calidad», o cualquier otra clase de objetos; el segundo tiene que cumplir unos requisitos para garantizar que los objetos a la venta son «antigüedades» procedentes «de buenas casas» y de profesionales o particulares, pero no réplicas u objetos más o menos viejos a los que dar una salida.
Mensual
En este sentido, este anticuario destaca que el mercado de Lugo es limitado, puesto que «lo que se vende en la plaza cada domingo es el reflejo de lo que hay en la sociedad; en Lugo no puede haber una feria de antigüedades semanal porque no se aguanta» aun con precios más rebajados. Voyer es partidario de imitar a Ourense, donde hay un «buen mercado de antigüedades y coleccionismo» que se celebra mensualmente.
En cualquier caso, Roland Voyer concluyó que si llega a cerrarse el rastro de A Soidade «mucha gente lo va a sentir porque hay a quien le encanta acudir allí y encontrar cosas muy baratas».
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