La elevada mortandad en las cepas pone en alerta a los expertos

El problema se agrava tras la prohibición de algunos tratamientos por parte de la Unión Europea


MONFORTE / LA VOZ 30/11/2016 05:00

Yesca, armillaria, necrosis, excoriosis... Posiblemente hayan acechado en la viña desde mucho tiempo atrás, pero nunca estas enfermedades habían causado tantos daños como ahora. La mortandad de las cepas por patologías de la madera va en aumento, lo suficiente como para haber encendido la luz de alarma en los centros de investigación. Expertos de dentro y fuera de Galicia abordaron ayer esta problemática en una jornada sobre garantías en la plantación del viñedo que organizó en Monforte la Estación de Viticultura e Enoloxía de Galicia (Evega).

«Lo único que está claro es que las cepas se están muriendo y no sabemos por qué», afirma el enólogo Luis Buitrón, que intervino en el coloquio posterior a las exposiciones de los especialistas que se dieron cita en la antigua escuela de capataces. En algunas de las enfermedades de la madera, el problema se agravó por la prohibición del uso de determinados principios activos desde de la Unión Europea.

Luis Buitrón también carga las tintas, por otro lado, en el importante foco contaminante que constituyen en la Ribeira Sacra muchas viñas que se plantaron en zonas de ribera que estaban ocupadas por pinares. «Ni se hizo desinfección previa ni se respetaron los tiempos antes de poner las cepas», destaca.

Para Alfonso Losada, técnico de Evega presente en la jornada, el problema de la elevada mortandad de las vides exige un giro en la investigación. «Siempre hubo virosis, pero ahora nos enfrentamos a otras patologías muy dañinas. La única solución es ir a una selección de algún tipo de plantas resistentes a las enfermedades», opina Losada.

No todos los técnicos comparten, sin embargo, este punto de vista. «Hace 150 años los híbridos iban a ser la solución para todas las plagas que sufría el viñedo y ahora están prácticamente erradicados», advierte Félix Cibriain, de la Estación de Viticultura y Enología de Navarra.

 

El camino más corto

Para Emilia Díaz Losada, una de las ponentes en la jornada, la investigación experimentación y posterior homologación de vides resistentes a las enfermedades supondría un proceso complejo que tardaría muchos años en traducirse a la práctica. «Prestar atención también a otras variedades tradicionales diferentes de la mencía me parece un camino bastante más corto», dice la investigadora de Evega en referencia hongos como el mildiu, que este año causó graves pérdidas en la Ribeira Sacra.

«En el futuro habrá que ir hacia una viticultura más respetuosa con el medio ambiente. Eso requiere actuar en el viñedo cuando resulta preciso, no ir cada veinte días», señala al hilo de esa reflexión Cristina Cabaleiro, profesora de la Universidad de Santiago e investigadora del programa europeo de prevención de la virosis Pathogen.

Esta iniciativa, en la que participan expertos de centros de investigación de España, Francia e Italia, se traducirá en la puesta en marcha de una plataforma de asesoramiento teórico a través de Internet, que será complementada con sesiones presenciales de carácter práctico en tres niveles diferentes. La formación tendrá carácter gratuito entre los años 2017 y 2018, en los que se financiarán las actividades con cargo al programa Erasmus.

Los problemas de virosis, al igual que otras patologías de la madera, se vinculan en ocasiones al abanico limitado de patrones que utilizan los viveristas a la hora de injertar las vides. Es una cuestión que también salió a relucir en la jornada sobre garantías de plantación del viñedo organizada por Evega. «Las cepas centenarias de Valdeorras están injertadas sobre Rupestris de Lot, que era el patrón que se usaba hasta que le colgaron el sambenito de retrasar la maduración de la uva», opina José Luis Bartolomé, jefe de la oficina agraria comarcal de O Barco. Pero tampoco parecen existir recetas únicas para elegir los portainjertos más adecuados. «El que puede ser bueno en el godello puede resultar nefasto para la garnacha», avisa Felix Cibriain.

Los investigadores localizaron al menos treinta tipos diferentes de mencía

Emilia Díaz Losada dio cuenta en la jornada técnica celebrada ayer en Monforte del proceso de selección clonal de las variedades gallegas que se lleva a cabo en la Estación de Viticultura e Enoloxía de Galicia (Evega). Este proceso de identificación tiene una gran importancia porque, según destacó, «dentro de una misma variedad puede haber grandes diferencias». Según el tipo de clon que se elija, puede cambiar el tamaño de los racimos, la carga por cepa e incluso el ritmo de maduración de la uva. De mencía, por ejemplo, se han identificado al menos treinta tipos diferentes.

La selección clonal permite determinar los individuos más aptos para su reproducción en los viveros, por su resistencia a las enfermedades y por los parámetros de calidad que puede ofrecer la uva. En una primera tanda, se realizó en la variedad tinta mencía y en las blancas treixadura, dona branca, godello, torrontés y loureira. Evega trabaja ahora para hacerla extensiva a otras variedades tradicionales, como brancellao, caíño, espadeiro, merenzao y loureira tinta.

Hasta hace poco se aconsejaba plantar las viñas con un solo clon adaptado a las características de lugar y del tipo de vino que se quería elaborar. Los expertos abogan en la actualidad por preservar la diversidad, un criterio que conecta con las pautas de la viticultura tradicional. «No hay que apostar por un solo clon, es algo muy arriesgado. Conviene a ir a plantaciones de mayor diversidad de individuos», dice María José Graña, de la estación de Ribadumia, que expuso en Monforte los pormenores de la selección del albariño.

 

Buena genética

El proceso de identificación de los individuos más aptos dentro de una misma variedad de vid arroja algunos datos curiosos. Las pruebas realizadas en viña ponen de manifiesto cambios radicales entre diferentes tipos de una única uva. «Un clon con mayor contenido en acidez está desaconsejado en zonas más frescas, pero puede ser idóneo en lugares más cálidos para no tener que acidificar con tartárico», explica la investigadora del centro experimental de Ribadumia.

Para realizar las selecciones clonales se rastrean previamente por toda Galicia las vides de una mayor antigüedad. «Buscamos individuos centenarios, o al menos de cincuenta años. Si han resistido tantos años, está claro que la genética es buena», detalla Emillia Díaz.

Votación
3 votos
Etiquetas
Ribeira Sacra Unión Europea USC Agricultura Erasmus Italia Francia Ribadumia Monforte de Lemos Santiago ciudad O Barco de Valdeorras
Comentarios