Los ataques crean inquietud en una zona donde abunda el ganado de monte
«Se non permitimos batidas de lobos, ¿que facer? É a eterna pregunta». El que hace la pregunta es Manuel Rivas, ganadero de la parroquia abadinense de Labrada, en donde la presencia del lobo se ha notado en los últimos tiempos: en un período de unas dos semanas ha matado tres potros.
De la boca de Rivas también salen respuestas, con una claridad que contrasta con la brumas que en una mañana como la de ayer envuelven los prados y los aerogeneradores de uno de los parques eólicos ya habituales en esta zona. El primer paso, dice, es la identificación de las reses equinas que pastan libremente; y el segundo es el envío al matadero si los animales no están identificados.
Ahí, en la identificación, están algunas de las claves de la cuestión. Rivas dice que buena parte de los potros que andan por aquí no tienen identificación y que los dueños tampoco parecen tener especial interés. Un becerro de dos meses puede valer unos 600 euros, en tanto que un potro de esa misma edad no cotiza más allá de los 30. Si de caballos hablamos, resulta apropiado al caso recordar que poderoso caballero es don Dinero.
Ese poco valor parece una de las claves. «¿Para que te vas molestar se non paga a pena?», reflexiona Rivas. De entrada, la presencia de potros en el monte parece más que suficiente para justificar los ataques de lobos. Calcula que en los montes de Labrada y de lugares cercanos puede haber tantos caballos como vacas, y cifra en unas 1.500 las reses vacunas, dedicadas tanto a la producción de leche y de carne.
Abundante cabaña
La abundante cabaña equina también aporta otra razón para que se produzcan los ataques y dejen a salvo a las vacas. Rivas explica que las yeguas ponen pies en polvorosa nada más ver al lobo y dejan a los potros indefensos, mientras que las vacas se agrupan y forman un eficaz sistema de defensa.
Los ganaderos pueden suscribir un seguro de accidentes que les garantiza una indemnización en caso de ataques, aunque esa posibilidad implica la necesidad de identificarlos, caballo de batalla en esta cuestión. Un campesino como Rivas -que tiene 27 vacas de carne, unas estabuladas y otras al aire libre- comprende que la Xunta «non vai pagar por algo que non existe».
No se muestra enemigo acérrimo de los lobos: «Teñen que estar -dice- para non romper a cadena biolóxica». La autorización de batidas no parece posible en esta época del año, en la que los lobos están criando.
Mucho pasto
Sí parece posible, dice Rivas, la inquietud de los ganadero; y es normal que los animales estén en el monte porque, agrega, el pasto es abundante tras las recientes lluvias de esta primavera resulta un momento del año propicio para que tengan lugar esos ataques.
¿Es inevitable la preocupación? «Temos que tela». ¿Hay alternativa? Sería la estabulación completa; pero Rivas agrega que la alimentación de las que están en el monte es completamente natural, y la calidad de su carne, mayor.
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