Manuel Parrado Carral emigró de niño a Brasil, pero ha vuelto a Galicia numerosas veces, la última el pasado mes de agosto
Cuando Manuel Parrado Carral siguió a sus padres y a sus dos hermanos pequeños para emprender el largo camino de la emigración, contaba solo once años, pero su tío, José Carral, ya pensaba que Manuel llegaría alto. «Eu só lembro que era moi listo, podía ser calquera cousa, e deulle para crego».
Su familia, de la parroquia de San Román, en el concello coruñés de Santiso, emigró a São Paulo en 1957 y, ya en 1965, Manuel ingresó en un seminario. Ahí comenzó una trayectoria en la Iglesia que lo llevaría en los últimos años a ser párroco de la catedral de Nosa Señora do Carmo de Santo André, obispo auxiliar de São Paulo y administrador apostólico de esta misma archidiócesis. Ayer, el papa Benedicto XVI reconoció el trabajo de este gallego nombrándolo obispo de la diócesis de São Miguel Paulista.
Sin embargo, y pese al reciente nombramiento, Manuel responde con amabilidad y recuerda la tierra en la que pasó su infancia y a la que volvió en numerosas ocasiones. «Son galego, nacín nesa bela e verde Galicia», asegura. De aquellos años conserva «as mellores lembranzas posibles: a escola, a parroquia, a familia, as festas abundantes e a natureza». Antes de convertirse en obispo auxiliar, regresaba a Santiso con frecuencia cada dos años, pero a partir de entonces, tuvo que espaciar sus visitas por motivos de trabajo. De todas formas, la última vez que estuvo en Galicia fue en agosto pasado, en un tiempo de descanso después de haber coordinado la visita del Papa a São Paulo.
Para Manuel es una satisfacción seguir trabajando en una ciudad como la que lo acogió, y agradece especialmente la confianza depositada por el Papa.
En Santiso le quedan aún primos y dos tíos hermanos de su madre. José, uno de ellos, recuerda que aunque ahora toda la familia ha logrado salir adelante en Brasil, la emigración no fue nada fácil y de hecho pasaron muchos años sin que pudieran volver a Galicia a visitar a sus familiares.
Manuel Parrado se enfrenta ahora a una diócesis que nada tiene que ver con las gallegas, al menos en cuanto a población. La de São Miguel Paulista es una de las cuatro que hay en São Paulo y tiene tres millones de habitantes. El 70% de su población está formada por emigrantes de otras partes de Brasil que buscan trabajo o una vida mejor a la de sus lugares de origen. Como explica el propio obispo, «é unha diócese que esixe saber enfrentarse a desafíos, pero non teño medo dos desafíos pois considérome un home urbano e toda a miña experiencia de pai e bispo nesta cidade vaime axudar».
Zapatero y la Iglesia
Parrado Carral se atreve hasta con la confrontación que mantienen en estos momentos la Iglesia y el Gobierno de Zapatero, y señala que, en estos momentos, la Iglesia en España vive momentos difíciles por la rápida secularización por la que está pasando el país. «A Igrexa debe continuar sendo fiel ña súa doutrina e para isto debe usar todos os instrumentos posibles ao seu alcance», señala.
A su familia de Santiso no le sorprende que Manuel haya llegado tan lejos, primero porque apuntaba maneras, y segundo, porque ya ocupaba un importante cargo como obispo auxiliar e, incluso, comentan que le ofrecieron ser cardenal en Brasil. Su tío José solo se lamenta de que no haya podido venir a visitar al recientemente fallecido obispo de Lugo, José Gómez González, ya que cuando nombraron a su sobrino obispo auxiliar de São Paulo, el lucense le envió una carta felicitándolo e invitándolo a que lo visitase.
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